
Poemas originales de amor, amistad, reflexión y superación. Versos para leer, dedicar, compartir e inspirarte cada día.

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POEMAS Dama de las Algas: amistad, reflexión y superación.
Descubre un espacio dedicado a la poesía en español, donde las palabras cobran vida y las emociones encuentran su voz. Nuestra página reúne una cuidada colección de poemas de amor, amistad, naturaleza, reflexión y superación, pensados para inspirar, emocionar y acompañar a lectores de todas las edades.
Aquí encontrarás tanto poemas originales como versos llenos de sensibilidad, ideales para compartir en ocasiones especiales, dedicar a un ser querido o simplemente disfrutar del arte de la escritura. Creemos que la poesía es una forma única de expresar sentimientos profundos y conectar con las experiencias humanas más auténticas.
Además de nuestra biblioteca de poemas, publicamos contenido relacionado con la literatura, consejos para escribir poesía y recursos para quienes desean desarrollar su creatividad. Nuestro objetivo es convertirnos en un referente para los amantes de los poemas, ofreciendo contenido de calidad, actualizado y optimizado para una excelente experiencia de lectura.
Si buscas poemas cortos, poemas románticos, poemas tristes, poemas inspiradores o versos para dedicar, has llegado al lugar indicado. Cada publicación está diseñada para transmitir belleza, emoción y significado, manteniendo viva la tradición poética en el entorno digital.
Te invitamos a explorar nuestras categorías, descubrir nuevos autores y dejarte envolver por el poder de las palabras. La poesía no solo se lee: se siente, se vive y se comparte.
Encuentra los mejores poemas en español y disfruta de un universo literario lleno de inspiración, sentimientos y creatividad.
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En nuestra página descubrirás una selección de poemas originales, poemas de amor, reflexión, amistad, esperanza y muchos otros versos escritos para inspirar cada momento de la vida.
Gracias por tu presencia y por hacer que la poesía siga creciendo con cada visita.
Dama de las Algas

Mi perfume
Mi perfume huele a poemas,
a jazmín que despierta la aurora,
a la noble madera
que atesora el paso del tiempo,
y al sol de España,
que acaricia la piel
y enciende el alma.
Huele a las flores
de la escalera de la abuela Lola,
a la alegría interminable
de los veranos junto al mar,
a la sal sobre la piel,
a las risas que el viento
nunca consiguió borrar.
Huele al perfume de esas plazas
donde el tiempo aprendía a detenerse,
donde cada rincón guardaba
un recuerdo dispuesto a florecer.
Es un perfume
que recorre un abecedario completo,
letra a letra,
verso a verso,
hasta cubrirme
con un aire tejido de poemas,
al que, sin darme cuenta,
ya me siento profundamente atada.
La estela que deja en mí
no desaparece con las horas.
Permanece escrita
en cada palabra que nace de mis manos.
Y aunque soy mujer de claveles,
hay flores que, con su delicada apariencia
y su primoroso aroma,
logran conquistar el alma.
El extracto que hoy persigo
no se consume con el viento,
ni se rinde ante las temperaturas del momento.
Permanece sobre mi piel,
mientras exista una palabra inspirada,
una emoción compleja
o un verso que me invite
a detenerme y seguir creciendo.
Entonces recuerdo aquel ascenso:
el instante en que comprendí
que los perfumes también escriben.
Y el mío quedó unido para siempre
a un aroma embriagador,
cálido,
dulce
y sensual,
capaz de despertar la memoria
y convertirla en poesía.
Porque no llevo un perfume cualquiera.
Llevo la esencia de mis sueños,
el jazmín de mi corazón,
la fortaleza de la madera,
la luz eterna del sol de España
y la certeza de que, mientras escriba,
mi perfume seguirá viviendo
en cada palabra.
«Comprendí que los perfumes también escriben.»
Hay perfumes que desaparecen con el paso de las horas y otros que permanecen para siempre en la memoria. Este poema habla de ese aroma invisible que nace de los recuerdos, de la escritura y del amor por la vida; un perfume que, como la poesía, deja una estela imposible de olvidar.
Este poema nace de la memoria y de los aromas que han acompañado mi vida. Cada fragancia evoca un recuerdo, un lugar, una emoción o una palabra. Porque, para mí, un perfume no solo se lleva sobre la piel: también permanece en el alma y se convierte en poesía.

La memoria del jardín
Verás, no mires atrás,
y comprende
lo que significa cada flor
de mi paraíso.
A pesar de la muerte,
el amor florece en nuestro ser,
como un tributo a la vida,
como un faro que nunca deja de arder.
Las flores son la metáfora
de nuestra existencia efímera;
el amor, su esencia eterna,
en la vida y en la espera.
No dejes de escuchar:
las flores te hablan,
están vivas;
síguelas hasta su lugar.
No te duermas ante la belleza,
sonríe,
porque llegará la eternidad.
Y cuando el viento
desordene los pétalos del recuerdo,
no temas al silencio;
también él sabe pronunciar tu nombre.
Cada semilla escondida en la tierra
guarda una promesa invisible,
un regreso que no hace ruido,
pero transforma el horizonte.
Si alguna lágrima cae sobre el jardín,
la raíz la convertirá en esperanza.
Nada de lo amado desaparece;
cambia de forma,
se vuelve aroma,
luz de amanecer,
sombra que protege en el verano,
lluvia que despierta los caminos.
Por eso, camina despacio.
Abraza el instante
como quien sostiene una flor
sin arrancarle la vida.
Todo florece dos veces:
primero en la tierra,
después en la memoria
de quien aprendió a amar.
Y si un día mis pasos se detienen,
búscame donde nazcan las amapolas,
en el murmullo de las hojas,
en la paz que deja el atardecer.
Allí comprenderás
que ningún adiós vence al amor,
porque el jardín que sembramos juntos
seguirá floreciendo en tu corazón.

Amor en el mar
Hay un mar que solo existe cuando tu mirada roza la mía. Las olas escriben nuestro nombre y la marea lo convierte en poesía. Si el amor tiene un hogar, late en el corazón del mar.
Dama de las Algas
En la orilla donde el silencio aprende a pronunciar el nombre de las mareas, crece una casa hecha de sal y musgo: Dama de las Algas.
No tiene puertas. Entran primero los naufragios, después las manos que aún conservan el olor antiguo de las despedidas.
Cada poema es un alga suspendida, verde memoria que danza bajo el agua, una palabra que no quiso morir y eligió la corriente como refugio.
Aquí las heridas florecen despacio; nadie les exige dejar de doler. El mar las peina con paciencia hasta volverlas espuma y canto.
Si alguna vez me buscas, no mires el horizonte: estaré entre las letras húmedas, tejiendo con la marea un idioma de luz, para que quien llegue roto descubra que también las algas sostienen la belleza cuando todo lo demás se hunde.
Donde el amor aprende a respirar
No llegaste haciendo ruido, llegaste como el mar al amanecer: despacio, inevitable, llenando de luz las grietas de mi orilla.
Desde entonces, mi corazón dejó de ser un puerto vacío para convertirse en marea, en ese ir y venir donde siempre te encuentra.
Si alguna vez el mundo nos olvida, que el océano conserve nuestro secreto: hay amores que no se prometen con palabras, sino con la eterna paciencia de las olas.
En penumbra
Te necesito en esta noche, te necesito en mis mañanas; el tiempo avanza tan despacio, y las esperas son muy largas.
El amor que llevo dentro se pierde entre mis entrañas; quiero estar siempre contigo, aunque sé que ya no me hablas.
Necesito una palabra, una palabra que dé calma; porque el silencio de tu ausencia me desarma el alma y calla.
El vacío que hoy yo siento lo sembró la tarde oscura, cuando dejaste de escribirme para no volver nunca.
Quiero tus abrazos tibios, quiero también tu ternura; estoy sola en este mundo, vacía ya de cordura.
La locura que dejaste se volvió toda amargura; ya no sonrío, ya no duermo, ni encuentro paz ni dulzura.
El “te quiero” de mis ojos lo dejaste en penumbra; hoy camino entre las sombras sin hallar la luz que alumbra.
Fue de amor nuestra historia, la más bella y la más pura; y hoy termina entre el silencio, convertida en triste burla.
El mar
El mar guarda mi nombre en una ola que se va. Todo vuelve a la orilla, menos lo que no volverá.
El amor
Te quise sin hacer ruido, como florece la luz. Hay amores que no pesan: solo cambian el cielo azul.
La lluvia
Llueve sobre los tejados, también dentro de mi piel. Cada gota dice tu nombre, aunque ya no estés.
El viento
El viento abrió la ventana, desordenó mi corazón. Se llevó tus últimas palabras y dejó solo la canción.
El desamor
No dolió que te marcharas, dolió dejar de esperar. Hay despedidas que terminan, y otras que aprenden a callar

La mina
Hoy que todos duermen
y no quieren despertar,
el día viste de plata
mientras la lluvia empieza a caer.
Yo, tras los cristales,
observo la vieja ciudad.
La lluvia va limpiando despacio
los recuerdos que nunca se marcharon.
Si pegas el oído a la tierra,
todavía puedes escuchar
el llanto de los mineros
que quedó dormido en la profundidad.
Solo nos quedan los túneles cerrados,
el silencio del carbón
y una vieja máquina de tren
que aún recuerda el tiempo vivido.
Pienso en aquellos hombres
que en la mina se perdieron,
dejando en la roca
la huella de su esfuerzo
y el eco de su sufrimiento.
Y entonces comprendo.
Pozo Sotón,
en mí dejaste una huella
que sembró esta tierra
sobre la que camino desde hace tanto tiempo.
Una tierra que sigue hablándome
con el lenguaje del silencio,
con el peso de la piedra,
con la memoria de quienes nunca dejaron de estar.
Ahora entiendo
lo que guardaban las entrañas de mi alma.
Era este sentimiento antiguo,
esperando el momento de encontrar su nombre.
Hoy me reconozco minera
de esta noble tierra.
Llevo un corazón negro,
negro de carbón,
negro de memoria,
negro de amor por lo más profundo.
Porque Asturias
no solo se pisa.
Asturias se escucha,
se respira,
se lleva dentro.
Y desde la mina hasta el mar,
todo en ella me recuerda quién soy.
Asturias,
te quiero siempre.
Y aunque pasen los años,
siempre volveré a ti,
porque en esta tierra
dejé de buscarme
el día en que comprendí
que ella ya vivía en mí.

La quietud manda
La quietud manda en mi vida,
aunque salga a todas partes
y recorra el mundo entero.
La tierra permanece pensativa,
sin acaloramiento, sin prisa.
El tiempo se ha quedado quieto.
Ya no llueve, ya no sale el sol;
una niebla suave envuelve mi persona.
Ya no encuentro gente en el camino,
porque voy sola
entre pinos que ni siquiera me rozan.
No caen sus agujas a mi paso,
las rosas ya no me pinchan
y el aroma de los claveles
ya no busca perfumarme.
Todo es silencio,
todo es tranquilidad.
Permanezco sosegada en el infinito,
y tan solo una paloma
acompaña mi caminar.
No tengo desdicha ni cuidado,
ni me asombra la existencia.
Las nubes no me coronan;
todo queda inmóvil en el tiempo.
Así es ahora mi vida,
esa que no oculto a nadie.
Solo me acompaña mi sombra,
la que jamás me abandona
desde el instante en que nací.
Y así paso por la vida,
sobre un terreno llano,
sin piedras en el camino que ando.
No busco llegar primero,
ni dejar huellas profundas.
Me basta con el rumor del aire,
con la paz que habita en mi pecho,
con la certeza de que el silencio
también sabe hablar.
Prometo no estar triste
ni llorar en la madrugada.
Sentiré la vida
como si nada pasara,
y pasearé por mis lugares de siempre
como si el tiempo
no hubiera cambiado nada.
Mientras el mundo gira sin descanso,
yo camino despacio,
sin luchar contra las horas.
Porque encontré en la quietud
un lugar donde el alma descansa,
y allí permanezco,
serena, libre y entera.

Recuérdame
Recuérdame como este año,
cuando los abrazos no faltaban,
cuando nos hacíamos felices
a media oscuridad del mundo,
cuando nadie nos encontraba
despiertos, abrazados.
Recuérdame
al abrir la puerta de mi alma,
aquella que estaba entreabierta,
con un guiño de palabras.
No te olvides de la risa
ni de las bromas.
Olvida los malos momentos,
las palabras feas
que no dijimos
y que pensamos.
Recuerda
esta calle desierta
que nos atraía mutuamente.
No te olvides
de las horas muertas
de mi soledad,
esperando una llamada.
No dejes atrás
mi corazón triste,
que te llama.
Espero
que se cumplan tus deseos,
porque los recorrí
con alegría.
Intentaré olvidar
lo que nos hacía
enfurecernos tan rápido.
Poco a poco
pasará el tiempo
y quedarán
los pocos recuerdos
que me empeño en conservar,
aunque tu indiferencia
los sepulte.
Recuérdame
en las noches,
cuando el sueño te venza
y no recuerdes
al día siguiente.
Así estaré
junto a ti,
abrazándote,
como siempre.

Soy poeta
Soy poeta,
de versos cortos y medidos;
soy poeta
de respiración.
Por eso, si cortamos demasiado el texto,
pierde esa corriente emocional que tiene.
Hablo de mis cosas,
de mi imaginación,
y cuando no la tengo,
invento una historia de amor.
Una historia que a mí no llega,
pero que podría pasar,
si Dios quiere.
Ahora me conformo con mis cosas,
con mis sentimientos,
en una tarde de verano.
Estoy donde no da el sol
de agosto,
puro, claro, abrasador.
Pero estoy en el norte
y aquí no me llega demasiado.
Siento el viento en mi cara
y echo de menos
el calor de Madrid,
las amistades,
los besos.
Y aquí me queda
el cariño de mi familia.
Por ella respiro,
por ella me siento bien.
A veces la pereza
no me deja avanzar,
y voy lentamente
por las calles de esta villa,
acompasando mis pasos
y cantando
mis cosillas.
Ahora escribo de nuevo,
casi doce horas después
de mi poema mañanero.
Así sabréis
que no dejo de escribir,
porque mi cabeza no para;
se siente atraída
por las teclas benditas,
que no me permiten
quedarme sola.
Hablo de lo que vivo,
de lo que imagino,
y también de aquello
que aún no ha llegado.
Porque, mientras me quede un verso,
seguiré buscando la palabra justa,
la que respira conmigo,
la que hace del silencio compañía.

Escritura limpia
Poesía que no llega al corazón,
palabras que un día
nos dijimos sin un final,
bucle de sentimientos en tono natural,
colmena de picas que se pierden al aire,
molino que mueve a los dos peregrinos,
reclamos al cielo por nuestra alma,
pegados en un libro
por nuestras palabras,
esencia de hojas de otoño marchitas,
carmín en los labios
cuarteados por las llamas,
te quieros varios sin sentir en el alma
y yo escribiendo a diario
palabras sin alma.
Mañanas rotas con polvo de ladrillo,
que se pega a mis ojos
como pintura que no se deshace,
y me lavo la cara en la mañana
sintiéndola pegajosa de lágrimas
en la noche espantosas.
Ahogo presente sin miramiento,
la muerte llegará sin contratiempo,
y el campo que se ve desde mi ventana
ya no ve el caballo como pastaba.
Las hojas suavemente caen en la tarde,
el viento las empuja
hacia mi estandarte,
lo oculta ante miradas indiscretas,
ya no veo nada, creo estar muerta.
El tiempo pasa taciturno,
como el que siente
cuando presiente a un moribundo,
el amor descansa a mi lado,
el amor es silencio del otro bando.
Vuelve la lluvia a mi ventana,
siempre me quedo sola en la mañana.
Y el silencio vuelve a quedarse conmigo,
sin decir palabra,
como si supiera
que ya no queda nada que decir.

Poema lírico en verso libre.
Hay una forma de quedarse mirando la lluvia.
Sin hacer nada.
Sin esperar nada.
O esperándolo todo.
Las calles están mojadas.
Como cada vez que el cielo decide hablar en silencio.
Y yo miro desde la ventana.
Sin moverme.
Sin saber si el mundo sigue girando o si se ha quedado detenido
en algún lugar donde nunca llegaremos.
Ya está callado otra vez.
La vida se corta nuevamente.
No tengo paciencia.
Me cuesta tener paciencia.
Nunca he tenido una varita mágica para que todo funcionara perfectamente.
El amor.
La pasión.
El cariño.
Qué poco entiende el corazón de las distancias.
Esta manera de guardar un nombre dentro del alma.
Sin pedir nada.
Sin reclamar nada.
Porque, después de tantos años,
¿qué puede quedar?
Quizás solamente un cariño.
Un cariño forjado despacio.
Y otros días sabiendo demasiado.
¿Será que la tranquilidad me ahoga cada día más?
A veces lo pienso.
Porque también me aleja de todo lo que amo.
De lo que necesito.
De esos suspiros pequeños que todavía viven dentro de mí.
Solo la lluvia que cae en la calle me despierta y me hace abrir los ojos.
Las calles están mojadas.
Y parece que toda la ciudad duerme.
Solo el agua.
Siempre el agua.
Qué triste es no ser amada.
Qué triste es querer sin esperar nada a cambio.
Y, aun así, seguir queriendo.
Como quien cuida una flor que no florece.
Como quien deja una luz encendida por si alguien regresa.
Dejando todo en las manos de Dios.
He intentado escuchar su palabra.
Dentro de mí.
Quizás suplicando.
Un nuevo comienzo.
Un nuevo espíritu.
Una nueva carta.
Un nuevo poema.
Algo que me despierte de este sueño imposible.
Porque las calles están mojadas.
Con la poca sabiduría que me ha dado la vida.
Con la dulzura que todavía guardo en el alma.
Enamorada de un imposible.
Sin miedo ya.
Porque no puede haber nada más.
Solo ese cariño.
Ese cariño forjado por los años.
Qué triste es no ser amada.

En penumbra
Te necesito en esta noche,
te necesito en mis mañanas;
el tiempo avanza tan despacio,
y las esperas son muy largas.
El amor que llevo dentro
se pierde entre mis entrañas;
quiero estar siempre contigo,
aunque sé que ya no me hablas.
Necesito una palabra,
una palabra que dé calma;
porque el silencio de tu ausencia
me desarma el alma y calla.
El vacío que hoy yo siento
lo sembró la tarde oscura,
cuando dejaste de escribirme
para no volver nunca.
Quiero tus abrazos tibios,
quiero también tu ternura;
estoy sola en este mundo,
vacía ya de cordura.
La locura que dejaste
se volvió toda amargura;
ya no sonrío, ya no duermo,
ni encuentro paz ni dulzura.
El “te quiero” de mis ojos
lo dejaste en penumbra;
hoy camino entre las sombras
sin hallar la luz que alumbra.
Fue de amor nuestra historia,
la más bella y la más pura;
y hoy termina entre el silencio,
convertida en triste burla.
