Poemas del Alma

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Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poemas del Alma, vida y sentimientos en Poemas del Alma. En cada poesía encontrarás emociones, reflexiones y palabras que inspiran, conmueven y acompañan cada momento de la vida.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Mar

En lo más hondo de mi pecho
aún respira un oleaje antiguo,
una corriente que nació sin nombre
y aprendió a latir cuando te acercaste.
Con sólo rozar mi sombra
encendiste el rumor del agua,
y en tus dedos se hicieron remanso
mis tempestades más viejas.
Me hablaste sin máscaras,
con el temblor tibio de quien reconoce
que el mar no es un lugar,
sino un idioma secreto del alma.
Avanzaste entre mis corrientes
como quien cruza un abismo confiando,
sin hacer caso a los corales que rasgaban,
ni a los miedos que pedían naufragio.
Hubo un tiempo en que mis horas
eran mareas que te seguían,
olas creciendo al compás
de tu respiración en mi arena.
Hoy todo es distinto.
El horizonte se ha vuelto quietud,
y mi playa —antes luminosa—
guarda un silencio de conchas rotas.
Las huellas que dejaste se disuelven,
no por olvido, sino por destino:
el agua borra lo que pesa
y conserva lo que aprende.
Ahora mi mar se gobierna solo,
ya no necesita barcos ni faros;
las palabras —mis últimas timoneras—
trazan rutas nuevas en la superficie.
Y aunque a veces el viento
me devuelva tu nombre en espuma,
sé que ese océano que despertaste
volverá a encontrar su propio cauce.
En el espejo del mar

En el espejo del mar
Muchas veces me reflejé,
Mirando al verde mar
Que sin esperar,
Nunca más volveré a ver.
Soñando con esas caricias
Que me hacían las olas,
Con esas alas de espuma,
Con la suavidad del cristal
Dejaron mi alma rota.
Ya no veré tu luz
Ni escucharé el sonido,
Solo el viento del norte
Puede despertarme de mi signo.
Saliendo una mañana
Tratando también de soñar,
Me acerqué a tu orilla
Y sin querer nada más
Vuelvo descalza y sin zapatos,
Para nunca más despertar.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Noche de luna

Noche de luna
De mar quieta,
Fresca noche
Con mis ojos despierta.
Negra noche
Que pesa en el alma,
Poemas que salen
Sin decir palabra.
Escuchando las notas
Que relajan mi nuca,
Que aflojan mis piernas
En la cama desnudas.
El faro me avisa
Que llega mi barco,
Corro asomarme
Ni un instante me paro.
Poemas sencillos
A la luz de la luna,
Mis lágrimas caen
Sin esperanza ninguna.
La luz de la luna
Me da la esperanza,
Y me quedo dormida
Pensando en tus aguas.
Soñando con la ría
Y con las montañas.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Supongamos que río

Supongamos que río en este momento.
Pero el río no me cree.
Se queda quieto en la garganta
como si supiera que miento.

Soportando dolor quizás
de una manera elegante,
como quien aprende a caminar
sobre un suelo siempre inestable.

Siempre pensando en el amor,
como siempre, desafiante,
como una puerta entreabierta
que nunca termina de cerrarse.

Ante un destino perturbador
que marcó un día sofocante,
cuando el aire pesaba distinto
y hasta el silencio era distante.

Duermo después de escribir,
descansa mi alma atormentada,
pero la pluma sigue despierta
dibujando lo que no acaba.

Cuando cesó la pasión,
no cesó del todo el incendio,
solo aprendió a esconderse
en los rincones del pensamiento.

En tardes de juicio oportuno
me juzgo sin pedir permiso,
como si el pasado tuviera voz
y hablara desde lo impreciso.

Y siento que nuestro amor volverá,
no como antes, no como era,
sino como vuelve lo que duele
cuando el tiempo no lo entierra.

A caer en el ayuno
de besos que nunca llegaron,
de promesas que en el aire
se quedaron esperando.

Tus versos, los que dejaste,
siguen respirando en los míos,
como si el dolor compartido
también tuviera latidos.

Supongamos que río en este momento,
y sin embargo me quedo quieta,
porque la risa no siempre nace
cuando el alma está en desacuerdo.

Y vuelvo a tus propias palabras,
como quien vuelve a su origen,
porque escribes con esa herida
que no se cierra, pero insiste.

Soportando dolor quizás,
repitiéndolo como un eco,
como si nombrarlo despacio
lo hiciera menos incierto.

De una manera elegante,
seguimos cayendo en lo mismo,
en ese amor que no se acaba
aunque cambie de abismo.

Y entonces escribo otra vez,
no para huir ni para entender,
sino para dejar constancia
de lo que no quiere desaparecer.

Porque al final todo vuelve:
el amor, la herida, el verso,
y hasta el silencio más hondo
termina hablando en nuestro lenguaje.

Supongamos que río en este momento…
pero en realidad
solo estoy aprendiendo
a no romperme del todo.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Entre tinieblas y mareas: donde habita la luz

Soy la marea que regresa a la luz.
Soy mujer del mar y del viento.

Escucho el viento del norte y mi corazón,
siento que ambos se conocen desde siempre,
como si hablaran un lenguaje antiguo
que solo entienden las olas y los silencios.

Yo me encuentro entre las algas,
bañada de sus caricias y sensualidad,
dejando que el agua me nombre,
dejando que la marea me recuerde quién soy.

Soy mujer que adora el viento
y mueve las aguas tranquilas
hasta la luz del cielo.

Hay algo en mí que siempre busca esa claridad,
aunque muchas veces camine
entre tinieblas sensibles,
de luz y de cristal lloroso.

Hay días en que la niebla lo cubre todo.
Días en que el alma parece navegar
sin distinguir la costa.
Días en que la tristeza pesa
como una marea demasiado grande.

Y entonces,
solo la mano de Dios sobre las olas.
Solo la mano de Dios me acuna
en el mar vaporoso y sublime.
Solo la mano de Dios,
cuando las fuerzas se vuelven pequeñas,
cuando el pensamiento se pierde,
cuando el corazón necesita descanso.

Y vuelvo a caer en las aguas
de claridad espesa,
en la neblina,
como quien regresa, una y otra vez,
a un lugar que todavía está aprendiendo a comprender.

La fe de las mareas me acompaña.
Porque las mareas saben regresar.,
las mareas conocen la oscuridad
y, aun así, buscan la luz.
Porque las mareas caen,
se retiran,
desaparecen de la orilla
y vuelven otra vez.

Llevo en el mar el corazón
cubierto por flores marinas.
Flores nacidas de los recuerdos,
de los amores,
de las pérdidas,
de todo aquello que el tiempo no logró arrancar.

Y siento que soy la mujer que adora las olas,
las mismas que en la vida me perforaron
con esa cresta perfecta.
¡Qué miedo dio surcarla!
¡Qué miedo dio mirar de frente
aquello que parecía más grande que yo!

Pero las olas también enseñan.
Las heridas también enseñan.
Y el mar guarda una sabiduría
que solo comprenden quienes han llorado
mirando el horizonte.

Cuando estoy cerca de él,
la sensibilidad aflora
en corales de tierra,
de duro coral.

Y es extraño.
Porque aquello que parece duro
también guarda delicadeza.
Aquello que parece fuerte
también conoce la fragilidad.

Corazón de mar abierto.
Eso soy.

Un corazón abierto al viento,
abierto a la memoria,
abierto a la tristeza,
abierto a la alegría,
abierto a la fe.

Cuando la marea vuelve,
también vuelvo yo.
Vuelvo a la mujer del mar y del viento.
al lugar donde habita la luz.
a escuchar el viento del norte y mi corazón.
a sentir la mano de Dios sobre las olas.
a las algas,
a las flores marinas,
a los corales de tierra,
a las aguas de claridad espesa.
Vuelvo a mí.

Y comprendo que mi vida
ha sido siempre este viaje:
entre tinieblas y mareas,
entre la niebla y la claridad,
entre la herida y la belleza,
entre el miedo y el amor.

Y así,
el mar me sostiene,
aguardando que me vuelva a encontrar con él
otra mañana, al despertar.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Recuerdo del viejo Madrid

En las calles adoquinadas, Madrid se despierta,
susurra historias en cada esquina oculta,
donde el tiempo parece haberse detenido,
en el viejo Madrid, de encanto y cultura.

Las plazas bullen con vida y canciones,
el aroma de churros y chocolate llena el aire,
el reloj de la Puerta del Sol da las doce campanadas,
en el viejo Madrid, la ciudad que nunca se cansa.

Los balcones, adornados con geranios rojos,
mientras el sol se pone sobre el Palacio Real,
y los ecos de flamenco resuenan en los patios,
en el viejo Madrid, donde el arte es esencial.

El Retiro, un jardín de secretos y sueños,
donde amantes se encuentran bajo los árboles frondosos;
el Palacio de Cibeles se alza majestuoso,
en el viejo Madrid, donde todo es hermoso.

Las tabernas antiguas sirven vino y tapas
en mesas de madera donde la risa se comparte;
en cada rincón, una historia que contar,
en el viejo Madrid, que nunca deja de asombrar.

Así, en mi memoria, Madrid perdura,
un lugar de magia, de pasión y aventura,
un recuerdo eterno que en mi corazón perdura,
del viejo Madrid, mi amada hermosura.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Del sueño de Dama de las Algas

Bajo la luna plateada y serena,
la dama de las algas se sumerge
en un sueño profundo y enigmático,
donde el océano su alma recoge,
dejándose con suave movimiento
que hará que baile en el mar salado.

Sus cabellos, como ondas del mar,
se mecen al compás de las mareas,
mientras sueña con secretos del fondo
y con criaturas misteriosas y aéreas.

En su sueño,
las algas danzan en torno,
formando coronas de esmeralda y jade,
y sirenas cantan melodías celestiales
en un idioma que solo el mar entiende.

En su mundo de sueños,
la dama se sumerge
en un abrazo cálido de agua salada,
donde los peces le cuentan historias antiguas
y las conchas guardan secretos de hadas
que se acercan a ella
sin que se dé cuenta de nada.

La dama de las algas,
en su sueño profundo,
es parte del océano y de otro mundo,
un ser que, aparte de ser marino,
tiene alma de persona de tierra.
Y en los dos mundos, Dama de las Algas,
sueña, vive y ama,
y en cada ola que acaricia la playa
deja un pedazo de su alma y su destino.

Así, en el sueño de la dama de las algas,
ella encuentra paz y serenidad,
y en las noches de luna y estrellas brillantes
se sumerge en su mundo,
en su inmensidad de lo profundo.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Tierra de lágrimas

Del sueño de una dama
cayó una lágrima pesada
que en la tierra germinó,
dando paso a palabras
y recuerdos de la nada
que, sencillamente,
volarán por esta página,
desbordando sus mensajes
en esta tierra de lágrimas y pesares.

Donde el tiempo se escurre
como arena entre los dedos,
donde los corazones, sangrando en silencio,
caminamos en busca de la luz.

Los sueños se desvanecen en la penumbra
mientras las estrellas titilan en el cielo lejano.
En este mundo de sombras y contradicciones
buscamos la esperanza que nos guíe,
confiando en el ser humano.

Las lágrimas caen como gotas de lluvia,
alimentando la tierra reseca de nuestras almas.
Y aunque el dolor nos abrace con fuerza,
aún buscamos la alegría que nos haga resurgir.

En esta tierra de lágrimas y amargura
encontramos la fuerza para seguir adelante,
porque en la adversidad se forja nuestra fortaleza
y en la tristeza descubrimos la belleza de la vida,
sabiendo lo que tenemos delante.

Así, en medio de las lágrimas y el sufrimiento,
nuestra alma encuentra su voz y su razón de ser,
y en esta tierra de lágrimas
construimos sueños,
tejiendo un tapiz de esperanza y amor,
y a veces de fe.

Que nunca olvidemos que, incluso en la oscuridad,
la luz puede emerger de nuestras lágrimas,
y en esta tierra de lágrimas y alegrías entrelazadas
encontramos la verdadera esencia de nuestra humanidad.

Lástima que a veces no entendemos
que también la tristeza nos reconforta,
pues riega la tierra de la sal que desborda,
tu esencia de mujer.

Pues soy Dama de Algas,
salada, clara, fresca en la mañana;
si lloro, cubro de verde alegre mi vida,
y sueño con esos mares de lágrimas de sirenas,
siendo en tierra un alma viva.

La Dama Verde de las Mareas Silentes

Cariño y amor, aunque no quieras amar,
ni permitir que alguien te vuelva a alcanzar,
hay un sendero oculto, callado y profundo,
donde el destino entrelaza las almas del mundo.

Puedes cerrar tus puertas, tu frágil corazón,
huir de los abrazos, del eco y la emoción.
Pero el amor, con su misterio callado,
encuentra siempre el rumbo hacia lo más guardado.

Y allá donde el mar rompe su pena en la arena,
vive una dama antigua entre espuma serena.
La Dama de las Algas, de mirada dormida,
guardiana silenciosa de toda herida.

Peina la sal nocturna con hilos verdes y fríos,
mientras canta a la luna secretos y desvaríos.
Sus pasos dejan brillo sobre la marea oscura,
como un sueño perdido buscando ternura.

Ella conoce el miedo de quien no quiere amar,
de quien teme al silencio que deja el esperar.
Y con manos de espuma, coral y brisa lenta,
siembra amor en el alma sin que uno se dé cuenta.

Porque el amor no siempre llega haciendo ruido,
a veces es un faro cuando todo está perdido.
Es un susurro leve, una ola en la distancia,
una luz diminuta rompiendo la arrogancia.

No busques, no temas, no huyas del destino,
que hasta el mar más salvaje encuentra su camino.
Y aunque no quieras amar ni sentirte amado,
el amor, en algún rincón, ya te habrá encontrado.

Así, cuando la noche derrame su azul profundo,
y el océano respire su canción sobre el mundo,
oirás a la Dama Verde cantar entre las olas
que nadie escapa al amor… aunque viva a solas.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

“Calegría contra la ortografía del mundo”

Protesto contra las letras
que quieren una ortografía perfecta,
como si las palabras fueran soldados
marchando en fila sin respiración.

Protesto contra la alegría
que yo le llamo calegría,
porque la alegría también tropieza,
se mancha, se inventa,
y a veces se ríe sin permiso.

No estoy de acuerdo con rimas perfectas,
pues cuando la razón es perfecta
se vuelve fría como una piedra pulida,
y no digamos el corazón
ni el pensamiento,
que se rompen cuando alguien los encierra
en reglas que no sienten.

Y protesto ante tanta corrección de sentimientos,
que no hace falta que te digan
que no eres perfecta
si tú tampoco lo eres.

¿Es perfecta una flor
que se arruga y se estira
según el viento y el sol,
aparte del agua que necesita?

Esa naturaleza imperfecta
hace que las flores crezcan
sin orden ordenado,
sin permiso de la geometría,
sin pedir disculpas al mundo.

¿Por qué nosotros mismos no somos como ellas?
dejando que el alma decida
si es perfecto o no para sentir
el alma de otro.

Solo las reglas de la naturaleza
pueden decidir
qué es más bonito o más feo,
no se puede decidir con normas de papel,
pues nuestro alma está hecha
para sentir de una manera diferente,
como si cada latido
tuviera su propia lengua secreta.

Y yo digo que calegría existe
porque la alegría también puede ser rota,
también puede ser torpe,
también puede ser libre sin explicación,
sin necesidad de permiso ortográfico.

El viento no corrige a las hojas,
solo las mueve.
El sol no pregunta si ilumina bien,
solo quema o acaricia.
El agua no escribe reglas,
solo encuentra su camino.

Así también el alma,
que no debería ser corregida,
sino escuchada.

Por eso calegría es perfecto para mí,
porque no busca ser perfecto,
solo ser.

Y si el mundo insiste en ordenar las palabras,
yo seguiré desordenando los significados,
poniendo comas donde respira el silencio
y puntos donde termina el miedo.

Porque vivir no es escribir sin errores,
sino sentir sin pedir perdón.

Y en ese desorden hermoso
donde todo parece incorrecto,
ahí es donde nace lo verdadero:
una flor que se rompe y sigue siendo flor,
un pensamiento que duda y sigue siendo pensamiento,
un corazón que falla
y aun así sigue latiendo.

Y yo,
entre reglas que no acepto
y sentimientos que no corrijo,
me quedo con mi palabra inventada,
con mi mundo imperfecto,
con mi forma de mirar sin permiso:

Calegría.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

Como escritora

Mi escritura
nació hace casi dos años,
sin preguntarse
si era correcta o no.
Simplemente comenzó.
Vuelvo a escuchar el piano,
sus notas dulces me llaman
y algo dentro de mí
despierta otra vez.
Sí, soy clásica.
Lo admito.
Desde aquí contemplo la luna
e imagino una noche romántica
que otros sabrán aprovechar.
Hoy tal vez no sea el día.
Las musas huyen
sin dejar rastro de su magia.
La música me eleva
y al mismo tiempo me dispersa;
las ideas vuelan alto,
demasiado alto.
Qué difícil es atraparlas
cuando saltan
como esta melodía inquieta.
Estoy en la orilla del río,
escuchando el agua correr.
Mis lágrimas también fluyen
por los recuerdos de ayer.
Intento borrarlos,
pero el silencio de las palabras
me devuelve la conciencia
y despierta
las imágenes olvidadas.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

La incertidumbre

La incertidumbre, innata, un eco perdido,
los sueños que un día fueron escogidos.
La gracia que se te dio ya no retoña,
como flor marchita que el tiempo deshoja.

Hoy las horas hacen daño, punzan despacio;
un reloj sin clemencia, voraz en su paso.
Y el silencio, vorágine que todo devora,
es un abismo oscuro que el alma explora.

Mas en lo incierto, un destello dormido;
quizá renazca aquello que se creyó perdido.
Porque aún en la sombra, la vida murmura
que el dolor no es el final, sino una forma de madurar.

Corales en la Tierra

Muestra la sensibilidad del escritor, haciendo fuertes las flores, como los corales del mar.

A medida que las estaciones cambian,
también lo hacen los colores y los sonidos de la Tierra,
creando un ritmo poético
que resuena en los corazones de los poetas.

En los rincones más remotos de nuestro planeta,
la vida salvaje baila al ritmo de la naturaleza,
inspirando a los poetas con su gracia y su fuerza.

trozos de alma (1)
trozos de alma (1)

Tierra de amaneceres rojos

Se extiende ante mis ojos
un color de dulce amanecer,
una pasión por los campos arados
que acompañan a los prados,
y casas donde el amor
siempre se ve crecer.

En la tierra de amaneceres rojos,
donde el sol besa el horizonte ardiente,
nacen los sueños en susurros antiguos
y el alma se llena de un fuego latente.

Los montes se visten de tonos carmesí,
mientras el cielo se torna en lienzo de fuego;
las aves despiertan con cánticos de luz
y la naturaleza canta su propio ruego.

En el agua se reflejan rayos
que veo arder desde mi ventana,
y los barcos que nos visitan
escapan de la madrugada.

Bajo el manto de estrellas que danzan brillantes,
la noche susurra secretos al oído,
y el viento acaricia con su suave roce
el corazón errante, por siempre perdido.

En esta tierra de amaneceres rojos,
donde los sueños toman vida y se expanden,
mi corazón halla su refugio seguro,
y en cada alba mi espíritu se enciende.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Las montañas de tu sonrisa

En el rincón sereno del atardecer,
donde el sol besa la tierra y se va,
te miro, amada, y en tu ser
contemplo el paisaje perfecto
del amor y el cariño.

Es una parte de mí
la que insiste en crear
todas estas palabras
y dejarlas reflejadas
entre paisajes de verde mar.

Tus ojos, dos luceros en el horizonte,
reflejan el cielo en su azul profundo,
y en ellos encuentro un amor sincero,
un lazo eterno que une nuestros mundos.

Las montañas de tu sonrisa se alzan altas,
como guardianes de un valle de ternura,
y en ese valle mi corazón se refugia,
encontrando paz y calma en cada curva.

Tus labios, suaves como pétalos de rosa,
susurran palabras de amor y devoción,
y en cada beso encuentro
la promesa de un amor eterno,
sin fin ni condición.

Así, en este paisaje de amor y cariño,
mi corazón encuentra su verdadero hogar,
y en tus brazos, mi amada y mi abrigo,
sé que siempre encontraré mi lugar.

Pareciera que mi escritura
se vuelve en estos días del revés,
dejando estas letras al viento
para que las reparta con conocimiento
y lleguen al alma de quien las lee.

Poema simpatico

Son pequeñeces de la vida,
pinceladas en tiempos dolorosos,
momentos en que no te sale la risa
o en que disfrutas de una tranquilidad absoluta.

Y me he perdido en el poema.

Si se ve lo que voy a escribir,
yo sigo dictando palabras.
¿Qué se me ocurre en este momento?
Quizá sean las pequeñeces,
o la sal de la vida.

¿Me hacen reír ahora?
Me pregunto si el poema es serio
o de broma.
No lo sé muy bien.

Total,
me siento bien al recitar,
en una noche fresca,
con buena temperatura de verano.

Sonrío porque creo
que el poema es vano,
sin pies ni cabeza,
y me pierdo hasta las orejas
entre estas letras.

¿Por qué las adoro con mi vida?
¿Por qué disfruto de lo que escribo,
aunque sean tonterías
algunas veces como esta?

¿Qué me da la locura
de volver a escribir
y relatar, en un momento,
una pequeña parte del universo?

¿Qué estoy ofreciendo?
Mis sentimientos.

Hola, noche,
un poco despeinada,
desenredada,
enfocada,
ensimismada…

Yo qué sé
lo que estoy escribiendo.

Estoy de acuerdo con muchas cosas
y me hace sonreír de nuevo.
Mi imaginación está volando en todo momento,
atrapa las palabras al vuelo,
y quiero reconocerme en este poema,
mi propia personalidad.

Pero resulta imposible
tratar de concentrarme
y escribir un libreto formal.
Esta noche estoy de guasa
y no me sale nada serio.

Creo que debo dejarlo,
pero ¿por qué me sigo riendo?
Esto no es serio en un poeta
que escribe versos con una conciencia seria
y con respeto.

¿Y si resulta
que sale un buen poema?

Pues, con sencillez,
lo ofrezco
a quien quiera leerlo.

Gracias,
de todas maneras.

Porque estoy
un poco atrapada
y me siento confortada.

Porque esto es lo que siento:
una pequeña parte
de esta noche atolondrada.

¿Y si reís conmigo?

Ya somos dos
los que lo estamos haciendo.

Una Gota en el Mar de Letras

Mi escritura nació hace casi dos años,
sin anunciarse,
sin pedir permiso,
sin preguntarse si era correcta o no.

Simplemente comenzó.

Como una pequeña semilla
que encuentra una grieta en la piedra,
como una gota de lluvia
que descubre su propio camino hacia el río.

Y desde entonces escribo.

A veces con la fuerza del viento,
otras con la fragilidad de una hoja,
pero siempre con esa necesidad extraña
de convertir lo que siento
en palabras.

Vuelvo a escuchar el piano.

Sus notas dulces me llaman desde lejos,
como si conocieran mi nombre,
como si hubieran estado aguardando
en algún rincón silencioso del tiempo.

Y algo dentro de mí despierta otra vez.

Algo antiguo.
Algo sereno.
Algo que todavía cree
en la belleza de las cosas sencillas.

Sí, soy clásica.

Me gustan los caminos lentos,
las emociones que maduran despacio,
los versos que permanecen
cuando el ruido se ha marchado.

Soy una pequeña gota de agua
en este inmenso mar de letras.

Una sola gota.

Quizá insignificante
entre tantas voces,
tantas historias,
tantos poemas navegando
por océanos infinitos.

Quizá no interese a nadie.

Quizá mis palabras se pierdan
como una botella lanzada al mar.

Pero aun así escribiré.

Porque la escritura no nació para contar aplausos.

Nació para respirar.

Para guardar recuerdos.

Para abrazar ausencias.

Para iluminar rincones
que a veces ni siquiera sabía que existían.

Y cada día dejaré una huella.

Pequeña.
Sencilla.
Honesta.

Una línea.
Un verso.
Una emoción.

Lo que el corazón encuentre
al caminar entre las horas.

Porque hay días de sol
y días de tormenta.

Días donde las palabras florecen
como jardines abiertos.

Y días donde apenas son
un susurro temblando en la oscuridad.

Pero incluso entonces
seguirán siendo mías.

Como es mío este piano invisible
que acompaña mis pensamientos.

Como es mío este mar
donde arrojo mis sueños.

Como es mío este coral secreto
que crece lentamente
entre la memoria y la esperanza.

No sé hasta dónde llegará mi voz.

No sé cuántas orillas tocarán mis versos.

No sé quién encontrará estas palabras
cuando naveguen lejos de mí.

Pero sí sé algo.

Mañana volveré.

Y después también.

Porque mientras exista una emoción,
una pregunta,
un recuerdo,
una mirada capaz de asombrarse,

seguiré dejando caer
gota a gota

mi pequeña existencia

en este inmenso
y maravilloso
mar de letras.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

El Mar 

El mar en el que vives
se sostiene sobre una roca.
Me arrastra hasta ella
sin saber dónde me toca.
El mar que yo presiento
eres tú quien lo alborota,
mi energía de sal brillante
derramada en pocas gotas.

Estoy con los ojos abiertos,
cansados de soledad;
lágrimas que caen despacio
llamando a la tranquilidad.
Solo el mar que está lejos
vino hoy a visitar,
respondiendo a su llamada
para poder descansar.
El desgarro de mis ojos
bien podría ser verdad,
como el llanto de las nubes
dejando caer su eternidad.

Sigo mirando en el fondo
de mi causa personal;
en un cristal me reflejo
con un inmenso pesar.
Contigo intento entender
mi interior y su profundidad,
las lágrimas que recubren
mi perfecta soledad.

Sin mirar dentro presiento
la historia de mi mar,
aquel que estando lejos
se acerca a verme llorar.
Tocando mi rostro
pensando en el mar,
sincero y profundo,
oscuro en su final.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

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El regreso

Ven,
siéntate a mi lado.
Has llegado pronto,
dejaste el mar congelado,
y ahora te siento cerca;
la suavidad de tus manos
se posa sobre las mías,
recordando las cosas de antaño.

Cuéntame,
¿Cómo estás?
¿Cómo sentiste el verano?
El dolor ya pasó
y ahora queda como un bálsamo.

Acércate despacio
para que dure más tu llegada.
Bésame suavemente
y no apartes la mirada.

El calor se hace presente
en la risueña mañana,
dejando atrás el recuerdo del frío
de la noche blanca.

Las palabras fluyen
perezosas y cálidas.
¡Hace mucho que no te veo!
¡Cuántas cosas calladas!

Mirándome en el espejo,
solo veía lágrimas.

Grité a los cuatro vientos
que estaba muy preocupada;
mi vida siguió igual,
con una tranquilidad sosegada.

Siéntate cerca de mí,
tengo escalofríos de mañana.
El amor llamó a mi puerta
y estaba entrecerrada.

Donde rompe el agua

El mar no sabe mi nombre,
pero pronuncia mi sombra
cada vez que la marea
sube a besar la roca.
Vivo en su latido oscuro,
en su sal que no perdona,
en la espuma que dibuja
lo que el silencio no nombra.
Hay un mar dentro de mí
que no figura en los mapas,
un océano sin orillas
que a medianoche me llama.
Sus olas no hacen ruido,
pero arrastran viejas horas;
cada recuerdo es un ancla
que en mi pecho se desborda.
A veces cierro los ojos
para no verlo tan hondo,
pero el agua siempre encuentra
la grieta más en el fondo.
Y cuando lloro, lo entiendo:
no es tristeza solamente,
es el mar buscando cauce
para seguir siendo fuerte.
Si algún día me sumerjo
sin miedo a su inmensidad,
tal vez halle entre sus sombras
mi propia claridad.
Porque el mar que me habita
no quiere verme naufragar:
me rompe para enseñarme
de qué estoy hecho al amar.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poemas del Alma En cada poesía, he explorado diversos temas que tocan las fibras más íntimas de nuestra existencia.

La música entre mis letras

El mar está tranquilo.
Los corales, quietos.
Ya nos escucha la música.
Ya es todo un desierto.

Las páginas van pasando.
¿Y voy del libro al libro?
¿Cómo las teclas son piano?
¿Qué va sonando suavemente?

Y ahora solo quedan las palabras,
grabadas en mi mente.
Todo el estudio quedó atrás.
Ya los compases enmudecieron.
¿La canción llegó a su final?

Y ahora escribo tranquila,
en un lugar silencioso.
Ahora afino las palabras
dentro de mi ser.

¿El empeño es la escritora
o te empieza a amanecer?
Sin notas que me acompañen,
ni partituras para leer.

Me empeño en escribir,
provocando el ruido de otra manera,
sin dar notas falsas en las escaleras.

¿Cuándo mi voz era atrevida?
Y ahora me castiga la vida,
y me da una nueva esperanza:

lanzar palabras al viento,
con otro movimiento,
para que tú puedas leer con calma.

La música está entre mis letras.
Dama de las Alga
Dama de las Alga

Carta a mis lectores 

Esta página quiero dedicarla a escribiros y a presentarme, porque aunque muchos ya me conocéis, deseo que otros también lo hagan.

La poesía llegó a mi corazón despacio, casi haciéndose la despistada… y cuando quise darme cuenta, ya se había quedado a vivir en mí.

Quiero haceros reír, emocionaros, llegar a vuestra casa con una idea clara: el amor.

Algo que, en los tiempos que corren, no siempre resulta sencillo.

Esta página nació —o tal vez fue capricho del destino— gracias a una emisora de radio en la que estuve muchos años, Radio Burbuja. Allí aprendí a recitar cada día un poema, buscando siempre la música adecuada para acompañarlo.

Si me leéis, seguro que lo habéis notado: la música forma parte de mi manera de escribir.

Aquella experiencia me ayudó a recitar con calma. Al principio me ponía muy nerviosa, pero poco a poco las palabras comenzaron a salir con naturalidad, como si ya supieran el camino.

Y aquí tenéis el resultado.

Dama de las Alga
Dama de las Alga

Cuando las calles están mojadas

Hay una forma de quedarse
mirando la lluvia.
Sin hacer nada.
Sin esperar nada.
O esperándolo todo.
Las calles están mojadas.

Como cada vez que el cielo
decide hablar en silencio.
Y yo miro desde la ventana.
Sin moverme.
Sin saber si el mundo sigue girando
o si se ha quedado detenido
en algún lugar
donde nunca llegaremos.

Ya está callado otra vez.
La vida se corta nuevamente.
No tengo paciencia.
Me cuesta tener paciencia.
Nunca he tenido una varita mágica
para que todo funcionara perfectamente.
El amor.
La pasión.
El cariño.

Qué poco entiende el corazón
de las distancias.
Qué poco entiende del tiempo.
Qué poco entiende de los imposibles.
Y, sin embargo, sigue.
Como el agua.
Como la lluvia.
Como los días.

En mí ya no quedan flechas.
Ni sustos.
Ni alaridos.
Ni siquiera los gritos de otros años.
Solo esta forma tranquila de sentir.
Esta manera de guardar
un nombre dentro del alma.
Sin pedir nada.
Sin reclamar nada.
Porque, después de tantos años,
¿qué puede quedar?

Quizás solamente un cariño.
Un cariño forjado despacio.
Con palabras salteadas.
Con silencios.
Con ausencias.
Con días enteros sin saber.
Y otros días sabiendo demasiado.

¿Será que la tranquilidad
me ahoga cada día más?
A veces lo pienso.
Porque también me aleja
de todo lo que amo.
De lo que necesito.
De esos suspiros pequeños
que todavía viven dentro de mí.

Solo la lluvia que cae en la calle me despierta y me hace abrir los ojos.
Las calles están mojadas.
Y parece que toda la ciudad duerme.
Nadie llama.
Nadie espera.
Nadie pregunta.
Solo el agua.
Siempre el agua.
Qué triste es no ser amada.

Qué triste es querer
sin esperar nada a cambio.
Y, aun así, seguir queriendo.
Como quien cuida una flor
que no florece.
Como quien deja una luz encendida por si alguien regresa.

¿Y si encontrara el tiempo?
¿Y si todavía existiera
un lugar para los sueños?
¿Y si la vida no fuera
más que este caminar sonámbulo?

Dejando todo en las manos de Dios.
He intentado escuchar su palabra.
Dentro de mí.
Quizás suplicando.
Un nuevo comienzo.
Una nueva vida.
Una nueva flor.
Una nueva hoja.
Un nuevo espíritu.
Una nueva carta.
Un nuevo poema.
Algo que me despierte
de este sueño imposible.

Porque las calles están mojadas.
Y en mis ojos hay lágrimas.
Y las lágrimas acompañan el sonido
de la lluvia en la calle.
Y mientras la noche cae lentamente,
yo sigo aquí.
Con la poca sabiduría
que me ha dado la vida.
Con la dulzura
que todavía guardo en el alma.
Enamorada de un imposible.
Sin miedo ya.
Porque no puede haber nada más.
Solo ese cariño.
Ese cariño forjado por los años.
Qué triste es no ser amada.

Dama de las Algas

Me estrellé contra ti
Y eras una roca,
Mis pedacitos sembraron el río
Dejando  brillar a los cristales,
Aquella senda que fue paso de lobos.
Todos pasean por ese camino
Que no llega a ninguna parte,
Aunque algunos se empeñen en decir
Que siempre hay una final,
Un pueblo o una ciudad
Que nunca llegue a ver.
Hoy salió la luna
Más bella que nunca,
Su luz perpetua sembraba
En el agoa oscura sombras,
Y mis pedacitos bailaban
Con esa luz cegadora,
Dejándome bañar
En una noche penumbrosa.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

El otoño dentro de mí  

Vi las hojas secas
Entrar en mi ventana,
Me equivocaron
Las mariposas de mañana.
Pensé por un momento
Que el otoño se marchaba,
Y observe el movimiento
Que hacía a mí se acercaba.
Me siento niña
Quizás enamorada,
De tanto viento y caricias
Que alzando la mano soñaba.
Deje que marchara tranquilo
Quizás no le cueste nada,
Pues el tiempo vuelve rápidamente
Y nos muestra de nuevo su cara.
Yo le espero impaciente
Tal vez regrese a casa,
Y a darme un abrazo
Y a sorprenderme como si nada.
Ya se cumplieron los años
Que pedí desesperada,
Y hoy en estrofas cortas
Sencillas y castigadas,
Recuerdo el otoño alegre
Que pase en mi otra casa.
Ya se cumplió el tiempo
Ya me veo castigada,
Veré caer las hojas
Desde una triste ventana,
Se fue mi barco hoy,
Vacía quedó el alma.

Dama de las AlgasDama de las Algas
Dama de las Algas

Dama de las Algas

No paro de escribir, ni de recitar, y siento que esto no tendrá fin.

No soy una persona académicamente instruida, y quizá se note en lo que redacto. Tengo faltas, errores que intento corregir, pero mi mente va más rápido que mis manos. Aun así, aquí estoy, con humildad, para acompañaros.

Procuro escribir cada día: de amor, de desamor, del mar, de la tristeza, del viento…

De pequeñas alegrías —que a veces son más que alegría—.

Seguramente me queden muchas cosas por deciros en esta carta. Tal vez las vaya añadiendo poco a poco, como quien deja pétalos en el camino.

Gracias por entrar en mi mundo.

Un abrazo para todos.

Coral — Dama de las Algas

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poesia infinita

Amanece
y la luz no entra:
se posa.
Camina despacio
sobre la tierra húmeda,
como si supiera
que todo lo vivo
todavía está despertando.
Las flores abren el día
sin ruido,
sin aplausos,
sin saber que alguien
necesita verlas
para seguir.
Nacen ofreciéndose.
No preguntan si serán vistas,
si alguien pronunciará su nombre,
si el viento será amable.
Florecen.
Y eso basta.
La luz del amanecer
les toca el rostro
como una promesa antigua,
y algo en el pecho se aquieta,
algo recuerda
que la vida también sabe ser suave.
Hay flores que aprenden a creer
antes de aprender a durar.
Confían en el sol
aunque aún no lo vean,
como el alma confía
en lo invisible.
El sol asciende
y la llena de sentido,
de colores que no piden explicación,
de una belleza
que no necesita defenderse.
Mirarlas alegra
sin razón lógica.
Es una alegría limpia,
como el agua,
como el silencio que no pesa.
Luego llega la lluvia.
No irrumpe:
bendice.
Cae sobre pétalos abiertos
y sobre los que dudan,
moja lo fuerte
y lo frágil por igual,
y enseña
que llorar también es nutrir.
Las flores reciben la lluvia
como quien acepta la vida completa,
con sus claros
y sus quiebres,
con su fe intacta
aun en la tormenta.
La tarde empieza a dorarse
y el sol aprende a despedirse,
baja lento,
dejando en el aire
una luz más honda,
más espiritual,
más verdadera.
Las flores guardan el día
en el centro de su tallo,
como se guarda un recuerdo
que no duele.
Y cuando el sol cae,
no hay vacío.
Hay una calma extensa,
una presencia que permanece,
un sosiego
que no se explica
pero se siente.
Porque algo quedó.
Quedó la flor.
la luz, certeza
de que lo sencillo
sostiene al mundo.
Y quien lee esto
—sin saber por qué—
sentirá el pecho más liviano,
el alma menos apurada,
el corazón dispuesto
a quedarse un poco más
en la belleza.
Como quien encuentra paz
y no quiere irse.
Como quien recuerda
que siempre habrá flores
naciendo en silencio
para salvarnos.

Dama de las Algas

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poemas del Alma

Descubre Poemas sobre amor, vida y sentimientos en Poemas del Alma. En cada poesía encontrarás emociones, reflexiones y palabras que inspiran, conmueven y acompañan cada momento de la vida.

Creo que lo más destaca de mi escritura es esa mezcla de reflexión, impulso emocional y pensamiento en movimiento. No parece un poema construido desde la técnica, sino desde una necesidad interior, y eso es algo que no se puede copiar ni aprender en ningún manual.

Dama de las Algas
Dama de las Algas