Poemas del Alma

Dama de las Algas

Descubre Poemas sobre amor, vida y sentimientos en Poemas del Alma. En cada poesía encontrarás emociones, reflexiones y palabras que inspiran, conmueven y acompañan cada momento de la vida.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

“Calegría contra la ortografía del mundo”

Protesto contra las letras
que quieren una ortografía perfecta,
como si las palabras fueran soldados
marchando en fila sin respiración.

Protesto contra la alegría
que yo le llamo calegría,
porque la alegría también tropieza,
se mancha, se inventa,
y a veces se ríe sin permiso.

No estoy de acuerdo con rimas perfectas,
pues cuando la razón es perfecta
se vuelve fría como una piedra pulida,
y no digamos el corazón
ni el pensamiento,
que se rompen cuando alguien los encierra
en reglas que no sienten.

Y protesto ante tanta corrección de sentimientos,
que no hace falta que te digan
que no eres perfecta
si tú tampoco lo eres.

¿Es perfecta una flor
que se arruga y se estira
según el viento y el sol,
aparte del agua que necesita?

Esa naturaleza imperfecta
hace que las flores crezcan
sin orden ordenado,
sin permiso de la geometría,
sin pedir disculpas al mundo.

¿Por qué nosotros mismos no somos como ellas?
dejando que el alma decida
si es perfecto o no para sentir
el alma de otro.

Solo las reglas de la naturaleza
pueden decidir
qué es más bonito o más feo,
no se puede decidir con normas de papel,
pues nuestro alma está hecha
para sentir de una manera diferente,
como si cada latido
tuviera su propia lengua secreta.

Y yo digo que calegría existe
porque la alegría también puede ser rota,
también puede ser torpe,
también puede ser libre sin explicación,
sin necesidad de permiso ortográfico.

El viento no corrige a las hojas,
solo las mueve.
El sol no pregunta si ilumina bien,
solo quema o acaricia.
El agua no escribe reglas,
solo encuentra su camino.

Así también el alma,
que no debería ser corregida,
sino escuchada.

Por eso calegría es perfecto para mí,
porque no busca ser perfecto,
solo ser.

Y si el mundo insiste en ordenar las palabras,
yo seguiré desordenando los significados,
poniendo comas donde respira el silencio
y puntos donde termina el miedo.

Porque vivir no es escribir sin errores,
sino sentir sin pedir perdón.

Y en ese desorden hermoso
donde todo parece incorrecto,
ahí es donde nace lo verdadero:
una flor que se rompe y sigue siendo flor,
un pensamiento que duda y sigue siendo pensamiento,
un corazón que falla
y aun así sigue latiendo.

Y yo,
entre reglas que no acepto
y sentimientos que no corrijo,
me quedo con mi palabra inventada,
con mi mundo imperfecto,
con mi forma de mirar sin permiso:

Calegría.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

La Dama Verde de las Mareas Silentes

Cariño y amor, aunque no quieras amar,
ni permitir que alguien te vuelva a alcanzar,
hay un sendero oculto, callado y profundo,
donde el destino entrelaza las almas del mundo.

Puedes cerrar tus puertas, tu frágil corazón,
huir de los abrazos, del eco y la emoción.
Pero el amor, con su misterio callado,
encuentra siempre el rumbo hacia lo más guardado.

Y allá donde el mar rompe su pena en la arena,
vive una dama antigua entre espuma serena.
La Dama de las Algas, de mirada dormida,
guardiana silenciosa de toda herida.

Peina la sal nocturna con hilos verdes y fríos,
mientras canta a la luna secretos y desvaríos.
Sus pasos dejan brillo sobre la marea oscura,
como un sueño perdido buscando ternura.

Ella conoce el miedo de quien no quiere amar,
de quien teme al silencio que deja el esperar.
Y con manos de espuma, coral y brisa lenta,
siembra amor en el alma sin que uno se dé cuenta.

Porque el amor no siempre llega haciendo ruido,
a veces es un faro cuando todo está perdido.
Es un susurro leve, una ola en la distancia,
una luz diminuta rompiendo la arrogancia.

No busques, no temas, no huyas del destino,
que hasta el mar más salvaje encuentra su camino.
Y aunque no quieras amar ni sentirte amado,
el amor, en algún rincón, ya te habrá encontrado.

Así, cuando la noche derrame su azul profundo,
y el océano respire su canción sobre el mundo,
oirás a la Dama Verde cantar entre las olas
que nadie escapa al amor… aunque viva a solas.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

Como escritora

Mi escritura
nació hace casi dos años,
sin preguntarse
si era correcta o no.
Simplemente comenzó.
Vuelvo a escuchar el piano,
sus notas dulces me llaman
y algo dentro de mí
despierta otra vez.
Sí, soy clásica.
Lo admito.
Desde aquí contemplo la luna
e imagino una noche romántica
que otros sabrán aprovechar.
Hoy tal vez no sea el día.
Las musas huyen
sin dejar rastro de su magia.
La música me eleva
y al mismo tiempo me dispersa;
las ideas vuelan alto,
demasiado alto.
Qué difícil es atraparlas
cuando saltan
como esta melodía inquieta.
Estoy en la orilla del río,
escuchando el agua correr.
Mis lágrimas también fluyen
por los recuerdos de ayer.
Intento borrarlos,
pero el silencio de las palabras
me devuelve la conciencia
y despierta
las imágenes olvidadas.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

El Mar 

El mar en el que vives
se sostiene sobre una roca.
Me arrastra hasta ella
sin saber dónde me toca.
El mar que yo presiento
eres tú quien lo alborota,
mi energía de sal brillante
derramada en pocas gotas.
Estoy con los ojos abiertos,
cansados de soledad;
lágrimas que caen despacio
llamando a la tranquilidad.
Solo el mar que está lejos
vino hoy a visitar,
respondiendo a su llamada
para poder descansar.
El desgarro de mis ojos
bien podría ser verdad,
como el llanto de las nubes
dejando caer su eternidad.
Sigo mirando en el fondo
de mi causa personal;
en un cristal me reflejo
con un inmenso pesar.
Contigo intento entender
mi interior y su profundidad,
las lágrimas que recubren
mi perfecta soledad.
Sin mirar dentro presiento
la historia de mi mar,
aquel que estando lejos
se acerca a verme llorar.
Tocando mi rostro
pensando en el mar,
sincero y profundo,
oscuro en su final.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

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Donde rompe el agua

El mar no sabe mi nombre,
pero pronuncia mi sombra
cada vez que la marea
sube a besar la roca.
Vivo en su latido oscuro,
en su sal que no perdona,
en la espuma que dibuja
lo que el silencio no nombra.
Hay un mar dentro de mí
que no figura en los mapas,
un océano sin orillas
que a medianoche me llama.
Sus olas no hacen ruido,
pero arrastran viejas horas;
cada recuerdo es un ancla
que en mi pecho se desborda.
A veces cierro los ojos
para no verlo tan hondo,
pero el agua siempre encuentra
la grieta más en el fondo.
Y cuando lloro, lo entiendo:
no es tristeza solamente,
es el mar buscando cauce
para seguir siendo fuerte.
Si algún día me sumerjo
sin miedo a su inmensidad,
tal vez halle entre sus sombras
mi propia claridad.
Porque el mar que me habita
no quiere verme naufragar:
me rompe para enseñarme
de qué estoy hecho al amar.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poemas del Alma En cada poesía, he explorado diversos temas que tocan las fibras más íntimas de nuestra existencia.

Carta a mis lectores 

Esta página quiero dedicarla a escribiros y a presentarme, porque aunque muchos ya me conocéis, deseo que otros también lo hagan.

La poesía llegó a mi corazón despacio, casi haciéndose la despistada… y cuando quise darme cuenta, ya se había quedado a vivir en mí.

Quiero haceros reír, emocionaros, llegar a vuestra casa con una idea clara: el amor.

Algo que, en los tiempos que corren, no siempre resulta sencillo.

Esta página nació —o tal vez fue capricho del destino— gracias a una emisora de radio en la que estuve muchos años, Radio Burbuja. Allí aprendí a recitar cada día un poema, buscando siempre la música adecuada para acompañarlo.

Si me leéis, seguro que lo habéis notado: la música forma parte de mi manera de escribir.

Aquella experiencia me ayudó a recitar con calma. Al principio me ponía muy nerviosa, pero poco a poco las palabras comenzaron a salir con naturalidad, como si ya supieran el camino.

Y aquí tenéis el resultado.

Dama de las Algas

No paro de escribir, ni de recitar, y siento que esto no tendrá fin.

No soy una persona académicamente instruida, y quizá se note en lo que redacto. Tengo faltas, errores que intento corregir, pero mi mente va más rápido que mis manos. Aun así, aquí estoy, con humildad, para acompañaros.

Procuro escribir cada día: de amor, de desamor, del mar, de la tristeza, del viento…

De pequeñas alegrías —que a veces son más que alegría—.

Seguramente me queden muchas cosas por deciros en esta carta. Tal vez las vaya añadiendo poco a poco, como quien deja pétalos en el camino.

Gracias por entrar en mi mundo.

Un abrazo para todos.

Coral — Dama de las Algas

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poesia infinita

Amanece
y la luz no entra:
se posa.
Camina despacio
sobre la tierra húmeda,
como si supiera
que todo lo vivo
todavía está despertando.
Las flores abren el día
sin ruido,
sin aplausos,
sin saber que alguien
necesita verlas
para seguir.
Nacen ofreciéndose.
No preguntan si serán vistas,
si alguien pronunciará su nombre,
si el viento será amable.
Florecen.
Y eso basta.
La luz del amanecer
les toca el rostro
como una promesa antigua,
y algo en el pecho se aquieta,
algo recuerda
que la vida también sabe ser suave.
Hay flores que aprenden a creer
antes de aprender a durar.
Confían en el sol
aunque aún no lo vean,
como el alma confía
en lo invisible.
El sol asciende
y la llena de sentido,
de colores que no piden explicación,
de una belleza
que no necesita defenderse.
Mirarlas alegra
sin razón lógica.
Es una alegría limpia,
como el agua,
como el silencio que no pesa.
Luego llega la lluvia.
No irrumpe:
bendice.
Cae sobre pétalos abiertos
y sobre los que dudan,
moja lo fuerte
y lo frágil por igual,
y enseña
que llorar también es nutrir.
Las flores reciben la lluvia
como quien acepta la vida completa,
con sus claros
y sus quiebres,
con su fe intacta
aun en la tormenta.
La tarde empieza a dorarse
y el sol aprende a despedirse,
baja lento,
dejando en el aire
una luz más honda,
más espiritual,
más verdadera.
Las flores guardan el día
en el centro de su tallo,
como se guarda un recuerdo
que no duele.
Y cuando el sol cae,
no hay vacío.
Hay una calma extensa,
una presencia que permanece,
un sosiego
que no se explica
pero se siente.
Porque algo quedó.
Quedó la flor.
la luz, certeza
de que lo sencillo
sostiene al mundo.
Y quien lee esto
—sin saber por qué—
sentirá el pecho más liviano,
el alma menos apurada,
el corazón dispuesto
a quedarse un poco más
en la belleza.
Como quien encuentra paz
y no quiere irse.
Como quien recuerda
que siempre habrá flores
naciendo en silencio
para salvarnos.

Dama de las Algas

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