DAMA DE LAS ALGAS

Dama de las Algas
Hoy no tengo fuerza para nada,
pero pienso,
y los sentimientos
no llevan carga pesada;
los escuchas
y los acompañas
por veredas frondosas
y cuajadas de flores primorosas.
Mientras los músculos
se duermen dulcemente,
yo sueño
y siento,
en mi pensamiento,
el eterno remordimiento.
Ahora deberé pagar por mi culpa.
Me aseguraré rápidamente
de que fui yo
y pediré perdón
al señor de la casa.
Los problemas vendrán
y darán rienda suelta
sobre mí,
pero estoy preparada para ello,
para sufrir
lo que me manden.
Soy noble
como estos caballos
que voy a cuidar
en más de dos años.
Y me considero
de color verde,
de afecto también.
Me gustan un poco,
aunque hay una diferencia absoluta
entre el mar
y la tierra.
Pronto se calmará todo
y esta poesía
volverá a navegar
en aguas tranquilas.
Mientras tanto,
pagaré por mi torpeza
y descansaré tranquilamente
en mi cama.
Y seguiré
con mis amores desafortunados,
que no producen nada.
Me llamo
Dama de las Algas.

La poesía como refugio del alama, descubre poemas, versos y palabras que inspiran, emocionan y conectan con el alma. Poesía para sentir, soñar y compartir. Un rincón donde cada verso nace del corazón, expresa emociones y convierte los sentimientos en palabras que dejan huella y acompañan cada instante cada nuevo día.
DAMAR Dama de las Algas

Alma de Poeta — La poesía como refugio del alma
Alma de Poeta nace como un espacio donde las palabras encuentran un lugar para respirar, sentir y transformar. Porque la poesía no es solamente un conjunto de versos: es una forma de mirar el mundo, de nombrar aquello que a veces permanece escondido y de convertir las emociones en belleza.
En Alma de Poeta, la poesía se convierte en refugio del alma. Un rincón para detener el tiempo, escuchar nuestros pensamientos y dejarnos acompañar por palabras capaces de abrazar, sanar, despertar recuerdos y abrir nuevos caminos. Aquí cada verso puede ser una ventana hacia la esperanza, la nostalgia, el amor, la naturaleza y esos pequeños instantes que dan sentido a la vida.
Dentro de este universo poético surge DAMAR, Dama de las Algas, una presencia vinculada al misterio del mar, a la fuerza de la naturaleza y a la delicada belleza de aquello que habita entre las aguas. DAMAR representa una sensibilidad profunda, una conexión con lo esencial y una mirada que encuentra poesía allí donde otros solo ven silencio.
Como las algas que se mecen con las corrientes sin perder su raíz, DAMAR, Dama de las Algas, simboliza la capacidad de adaptarse, resistir y seguir creciendo. Su esencia nos recuerda que también el alma humana puede navegar entre mareas, atravesar tormentas y encontrar calma en las profundidades.
Alma de Poeta es, en definitiva, una invitación a sentir. A descubrir que cada emoción tiene una historia, cada silencio guarda una palabra y cada corazón puede convertirse en un poema.
Bienvenidos a este refugio de versos, sueños y emociones. Bienvenidos a Alma de Poeta, donde las palabras se convierten en alma.

Recuérdame
Recuérdame como este año,
cuando los abrazos no faltaban,
cuando nos hacíamos felices
a media oscuridad del mundo,
cuando nadie nos encontraba
despiertos, abrazados.
Recuérdame
al abrir la puerta de mi alma,
aquella que estaba entreabierta,
con un guiño de palabras.
No te olvides de la risa
ni de las bromas.
Olvida los malos momentos,
las palabras feas
que no dijimos
y que pensamos.
Recuerda
esta calle desierta
que nos atraía mutuamente.
No te olvides
de las horas muertas
de mi soledad,
esperando una llamada.
No dejes atrás
mi corazón triste,
que te llama.
Espero
que se cumplan tus deseos,
porque los recorrí
con alegría.
Intentaré olvidar
lo que nos hacía
enfurecernos tan rápido.
Poco a poco
pasará el tiempo
y quedarán
los pocos recuerdos
que me empeño en conservar,
aunque tu indiferencia
los sepulte.
Recuérdame
en las noches,
cuando el sueño te venza
y no recuerdes
al día siguiente.
Así estaré
junto a ti,
abrazándote,
como siempre.
Donde el Silencio
Aprende a Amar
No te encontré.
Fue el tiempo quien me llevó
hasta el lugar
donde tu mirada ya me esperaba.
Desde entonces,
las horas dejaron de contar segundos
y comenzaron a medir
la distancia que existe
entre un latido
y el siguiente pensamiento en ti.
No llegaste para llenar un vacío.
Los vacíos se llenan.
Tú hiciste algo distinto:
abriste en mi alma
un universo
que desconocía su propia existencia.
Hay silencios
que nacen para esconder palabras.
El tuyo, en cambio,
aprendió a pronunciar mi nombre
sin mover los labios,
como si el viento
hubiera decidido hablar
con tu voz.
Nunca entendí la gravedad.
Pensaba que sólo atraía cuerpos.
Hasta que apareciste…
y descubrí
que también existen personas
capaces de cambiar
la órbita completa
de un corazón.
No quiero apresurar los besos.
Las cosas verdaderas
no conocen la prisa.
Prefiero que el tiempo,
cansado de esperarnos,
termine sentándose a nuestro lado
para contemplar
cómo dos almas
inventan un instante
que ningún reloj
será capaz de repetir.
Hay quienes buscan respuestas
mirando las estrellas.
Yo dejé de hacerlo.
Porque entendí
que el cielo no estaba sobre mi cabeza…
estaba escondido
en el brillo tranquilo
de tus ojos.
Y si alguna vez
el destino me preguntara
cuál fue el mayor milagro de mi vida,
no hablaría de coincidencias,
ni de caminos,
ni de promesas.
Hablaría de ti.
Porque existen personas
que pasan por el mundo
dejando recuerdos.
Y existen otras…
que cambian para siempre
la forma
en que el mundo
habita dentro de nosotros.
Si el amor tuviera un templo,
no estaría hecho de piedra.
Estaría construido
con todos esos silencios
en los que nuestras miradas
se dijeron lo que las palabras
todavía no habían aprendido a nombrar.
Y cuando el tiempo
escriba el último capítulo
de esta historia,
espero que descubra
lo mismo que yo descubrí
el día en que llegaste:
que el infinito
nunca fue un lugar.
Siempre fue la manera
en que aprendí
a mirarte.

Donde termina el ruido
No llegaste haciendo promesas.
Llegaste haciendo silencio.
Y descubrí que el corazón
también sabe reconocer
un hogar antes de cruzar su puerta.
No fue tu rostro quien detuvo mis pasos,
fue la calma que dejó tu presencia
en un mundo acostumbrado a correr sin encontrarse.
El deseo siempre pregunta por el cuerpo;
el amor, en cambio,
aprende a pronunciar
el nombre del alma
como quien descubre
una oración olvidada.
Hay personas que iluminan
una habitación.
Tú apagaste todas mis guerras.
No te busqué.
Las almas que pertenecen
al mismo horizonte
nunca necesitan un mapa.
Desde que existes en mi historia,
el tiempo dejó de medirse en horas
y comenzó a contarse
en instantes compartidos.
No eres un refugio.
Eres el lugar donde comprendí
que nunca estuve perdido,
solo estaba esperando encontrarte.
Tus abrazos no detienen el mundo;
simplemente consiguen que ya no importe lo que sucede fuera de ellos.
Y te quiero,
aunque en nuestra vida no haya ruido,
aunque los días pasen despacio
y el silencio
ocupe las esquinas de la casa.
Porque cuando no estás,
la mía pierde su valor.
Se queda vacía
y la lleno de tonterías,
de distracciones que me atontan,
que solo consiguen engañar al tiempo
mientras espero tu regreso.
Y cuando te vas,
las lágrimas vuelven a bañarme,
como una lluvia que conoce de memoria mi nombre.
Entonces todo queda en silencio:
la cama vacía,
las paredes sin eco,
el reloj respirando
demasiado fuerte,
y el alma…
el alma sorda,
incapaz de escuchar otra cosa
que la ausencia de tu voz.
Si algún día alguien
me pregunta qué es amar,
no hablaré
de eternidades ni de promesas.
Diré que amar es mirar a una persona
y sentir que, por primera vez,
la vida dejó de parecer una casualidad.
Porque hay encuentros
que parecen suerte,
otros que parecen destino,
y luego estás tú…
La única certeza que mi corazón
nunca tuvo que aprender.

La barrera violeta
Solo basta una chispa
para que me aleje de ti,
y ponga por medio palabras
que igual te hieren,
pero es necesario.
Necesito que esa barrera
que voy a poner
sea lo suficientemente alta
para que no penetres dentro de mí.
Violeta,
dulce violeta,
que no encuentra sitio
donde aniden las palabras
más dulces del amor.
Es el color que me representa
en la noche,
como mis pensamientos
cargados de poemas;
es imposible atraparlos.
Y me alejo de ti dulcemente,
con la paciencia que me dieron
y la elegancia
que puedo llevar en mí
a ciertas horas de la tarde.
Es un soplo de un viento
que no llega a moverme
un solo mechón del cabello;
y aun cuando el mío es loco,
se queda inmóvil
y se relaja.
No puedo pensar en ti,
y parece que sí.
Escribirte así,
sin que te enteres
de que el poema
escapa a abrazos pesados.

Escribir es reescribir
Escribir es reescribir,
casi siempre sobre sentimientos
y el alma,
el corazón,
la vida.
¿Qué más nos queda
si solo tenemos eso?
Cuando a uno no le quieren,
le echan alegremente.
Por eso reescribo,
quizás la historia,
pensando que quizás haya hecho el ridículo
en más de un momento,
pero me siento tranquila.
Y se lo hago con mi escritura.
Le doy forma a las frases
que adornan mi vida
y las convierto en canciones
que no se repiten,
pero que vuelven
disfrazadas de persona.
¿Quién puede, más que nadie,
comprobar lo que me dicta la cabeza?
Poesía que da la vuelta,
enfurecida y reescrita,
que sigue su bucle
sin dejar rastro.
No sé si es mi pena
o mi alegría.
Lo que sé
es que sigo como una loca,
redactando palabras
que, aunque sean mías,
hoy hay personas que dudan de ellas
y no tienen sentimientos.
Pues es mi alma la que escribe,
y lo repetiré mil veces
o tres mil, si es necesario.
Y aguantaré
en mi terraza silenciosa,
que solo escucha
las gaviotas pasar
y el repiqueteo de mi teclado.
Por hoy
termino este relato.

Escritura libre
No escribo para seguir reglas ni para complacer a nadie. Escribo con el alma, desde la rebeldía, la verdad y la libertad de quien ha decidido que sus palabras vuelen solas.
Me atrevo a escribir y a sentir como una mujer. Quisiera, a veces, pensar como un hombre, solo para entender el ruido del mundo.
La poesía es ridícula, dirán. Yo me reiré de su comedia, de los aplausos vacíos, de los abrazos que aprietan el cuerpo, pero nunca alcanzan el alma.
No necesito el abrazo insincero, ni a los hombres que no dicen nada y quieren torear mi corazón como si yo fuera una oveja dócil.
Se estrellan conmigo.
Porque no nací para obedecer, ni para reírles la gracia. Hace mucho que me rebelé contra el mundo, cuando ya tenía más años que recuerdos.
Me gustan las palabras antiguas: las que pesaban como el pan, las que olían a verdad. Las palabras vacías, en cambio, no valen nada, por muy modernas que se vistan.
Hay escritores que levantan palacios de versos y después olvidan vivir dentro de ellos. Yo no. Yo escribo sobre lo que pillo con el alma, nunca con la mente, porque la mente enreda, presume y calcula, y el alma simplemente nombra.
Quiero volver a lo de antes: a las risas sin permiso, a la escritura libre, sin que nadie la ate a reglas moribundas que ya no dicen nada.
Pero hoy no me conformo.
No quiero una poesía dulce y delicada, de esas que tantas veces escribo. Hoy la quiero burda, con aires marciales, más basta, más fuerte.
Quiero que mis palabras sean mías, no el reflejo de fuentes perfectas, ni de poetas que corrigen y corrigen hasta que el poema deja de nacer del corazón y nace de la ortografía.
Prefiero un verso roto y verdadero a una estrofa impecable y sin sangre. Protesto contra el libro del lenguaje cuando pretende poner cerrojos a la voz, contra los poetas tan estirados que purifican sus sentimientos con reglas que quizá no conducen a ninguna parte.
Hoy soy dura. Hoy soy exigente. Hoy no me dejo manipular por quienes nunca escribieron una palabra desde el temblor de su propio corazón.
Mientras otros miran la luna y se enamoran de su sombra, yo prefiero salir al mundo, volar con los pies descalzos, escribir cosas sencillas y verdaderas que lleguen al corazón de la gente.
Y después bañarme en la playa, abrir los brazos al viento y gritar mis poesías hasta que el mar las lleve al oído de quien quiera escucharlas.
No comulgo ni con Bécquer, ni con ningún altar de la poesía. Mi única escuela es la verdad. Porque no escribo para gustar. Escribo para ser libre. Y así lo dejo.
