Poesía original y contemporánea

Mar

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Un coral de Poemas

La poesía original y contemporánea nace aquí como un susurro que busca permanecer. Desde el primer verso, este espacio está hecho de palabras que no apresuran, de textos que se detienen a escuchar lo que el corazón calla. Así, cada poema explora el amor, la vida y la melancolía desde una mirada honesta, donde la emoción es siempre el punto de partida y la verdad, el destino.

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Presentacion Poesía original y contemporánea

Emoción en lo cotidiano

Por un lado, los poemas de amor que habitan esta página no prometen eternidades perfectas; más bien, hablan del temblor, de la ausencia, del gesto mínimo que deja huella. Por otro, la vida aparece en sus fragmentos más frágiles y luminosos: el paso del tiempo, la memoria que insiste, el silencio que también dice. De este modo, la melancolía no es un final, sino un lugar desde el cual comprender lo vivido y nombrarlo con delicadeza.

Sencillez de la poesía contemporánea

En este sentido, la poesía contemporánea se escribe desde la sencillez del lenguaje y la profundidad del sentimiento. No obstante, no busca imponer significados, sino abrirlos. Así, cada verso invita al lector a reconocerse, a encontrar en las palabras ajenas una emoción propia. Por ello, son poemas para leerse despacio, para volver a ellos cuando el mundo pesa o cuando el alma necesita un refugio.

Un refugio hecho de palabras

Finalmente, este espacio de poesía original es una casa hecha de palabras. Un lugar donde, al detenerse, el tiempo parece suspenderse y la lectura se convierte en un acto íntimo. Aquí, cada poema es una puerta abierta a la emoción, una forma de habitar el silencio y de sentir, verso a verso, aquello que a veces solo la poesía sabe decir.

Manual breve para no soltarnos

Aprendí tu nombre en silencio,
no porque faltaran palabras
sino porque el cuerpo entiende antes.
Mi piel lo repite cuando te acercas,
y el amor dejó de ser una idea
el día que supo cómo mirarte
sin pedir permiso.

No te nombro en voz alta.
Hay verdades que se quiebran
cuando se exponen demasiado.
Me acerco sin estrategia,
como quien aprende el fuego:
no para arder por completo,
sino para comprender el calor
y quedarse.

No busco promesas largas
ni futuros inflados de miedo.
Me basta hoy.
Porque el tiempo se vuelve humilde
cuando lo habita tu voz,
cuando el mundo pesa menos
si coincidimos en él,
como si la gravedad dudara
al vernos compartir el suelo.

Hay caminos que no llevan
a ningún lugar seguro,
y aun así los elijo.
Porque perderme en tu abrazo
siempre me devuelve al mundo,
me recuerda que no todo lo incierto
es un error.

Bitácora de lo que no se detiene

Polvo de niebla

Hoy te vi entre otros brazos
y cerré los ojos,
para no sentir la pena
que guardo en mi alma.
Sentí el vacío de mi mente
cuando llegaba a casa;
todo era efímero,
todo se deshacía en la nada.
Hoy te vi entre otros brazos,
apenas te rozaban,
era un abrazo sensible,
como aquel que soñé,
como el que tú me dabas.
No quise mirar al horizonte,
por si la lluvia de la mañana
rozara mi cara
y me hiciera fantasma
en volandas de una nube.
Soñé esa noche
que no era verdad,
que el humo me confundía
y cegaba mis ojos.
Soñé con la luz de la luna,
con la risa oportuna
que a veces escuchaba,
y sentí un frío abrasador,
ese que consume
y no deja respirar.
Me deslicé entre las sábanas
para que el nuevo día
me despierte con tu voz,
llamándome en la claridad
que todo lo consume,
y se hace polvo de niebla
que no clarea al pasear.
Ya es hora del final
de mi pensamiento.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

Poemas de Amor y Vida

Dama de las Algas Poesía Original y Contemporánea Poemas de Amor y Vida

LA FORMA EN QUE ALGO TERMINA

LA FORMA EN QUE ALGO SE TERMINA
Aprendí tu nombre en silencio,
cuando el amor
todavía no necesitaba pruebas.
Mi piel lo entendía antes que yo
y quedarse
parecía natural.

No buscaba promesas largas.
Me bastaba el hoy,
ese lugar pequeño
donde el tiempo se vuelve humilde
si tu voz lo habita.
Pero incluso lo sencillo
puede cansarse
de sostenerse solo.

No me dolió que te fueras.
Me dolió que te quedaras
cuando ya no estabas.
Esa presencia sin intención,
esa forma de ausencia
que ocupa espacio
y confunde.

El amor no se rompió.
Solo dejó de fingir
que sabía quedarse.
A veces no se pierde nada:
solo se revela
lo que nunca aprendió a durar.

Te perdí sin perder nada,
porque lo que se va
casi siempre
ya había elegido irse.
Comprenderlo no dolió menos,
pero fue más honesto.

No fue falta de amor.
Fue exceso de silencio.
Palabras esperando turno,
miradas pidiendo traducción,
dos personas creyendo
que sentir
era suficiente.

Hubo caminos sin lugar seguro.
Los caminé igual.
A veces perderme en tu abrazo
me devolvía al mundo;
otras,
me alejaba de mí.

Te pensé sin darme cuenta,
como respira el corazón:
no por costumbre,
no por miedo,
sino por esa razón
que no sabe explicarse
hasta que duele.

Me solté de ti
el día que entendí
que esperar también cansa,
que amar no debería sentirse
como vigilar una puerta
que no vuelve a abrirse.

No te guardo rencor.
Te guardo distancia.
Que es la forma más sana
de recordar sin volver,
de aceptar sin reproches,
de seguir sin negarme.

Aprendí que no todo lo intenso
es verdadero,
y que no todo lo que duele
merece quedarse.
Hay fuegos que iluminan
y otros que solo enseñan
por dónde no volver.

Nos dijimos “para siempre”
como quien dice “tal vez”.
Sin peso.
Sin cuidado.
Y el tiempo,
que no discute con nadie,
hizo lo que sabe hacer.

No fue el final lo que dolió.
Fue darme cuenta
de que yo sí estaba.
Sosteniendo solo
lo que necesitaba dos voces
para ser real.

No me rompiste el corazón.
Me enseñaste a cargarlo solo,
a sentarlo conmigo
cuando el ruido se va
y explicarle, despacio,
que no todo lo que promete quedarse
sabe hacerlo.

Te fuiste sin irte del todo.
Dejaste tu ausencia
mal acomodada,
como un mueble que estorba
hasta que alguien
decide moverlo.
Ese alguien
fui yo.

Nos quisimos con miedo.
Por eso dolió tanto.
El amor valiente se habla.
El nuestro solo se pensaba.
Y el silencio terminó diciendo
todo lo que no supimos.

No vine a salvarte
ni a quedarme por costumbre.
Vine a ser real.
Y cuando eso dejó de ser posible,
elegí irme
aunque doliera.

A veces el amor no muere.
Solo cambia de nombre
y se llama recuerdo.
Y desde ahí,
con calma,
ya no duele igual.
Dama de las Algas
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