Un Coral de Poemas
Lo que le da fuerza a esta poesía, es que ya no repite la misma imagen: la hace crecer. Cada estrofa descubre un coral diferente hasta que el lector comprende que Coral es el mundo, la mirada y también quien escribe. Eso crea un efecto de viaje que invita a seguir leyendo.

Busco los Corales de la Tierra
Busco los corales de la tierra.
Los busco desde antes de saber sus nombres,
desde cuando era apenas una pregunta
caminando entre piedras y horizontes,
desde cuando el viento me enseñaba
que los secretos no se esconden:
esperan.
Los busco en la roca que resiste,
en la montaña que guarda cicatrices antiguas,
en las raíces que abrazan la oscuridad
sin perder la memoria de la luz.
Busco los corales de la tierra,
los más duros, esculpidos por el tiempo,
los que han aprendido el lenguaje de las tormentas
y conversan con los siglos
sin pronunciar una sola palabra.
Los busco porque algo en ellos me llama.
Quizá sea la paciencia.
Quizá sea la belleza.
Quizá sea ese extraño milagro
de permanecer enteros
mientras todo cambia.
Y busco también los otros.
Los corales dulces del corazón.
Los que nacen despacio,
como nace la aurora sobre los campos dormidos.
Los que brillan bajo la piel de las personas,
como soles sumergidos
en océanos invisibles.
Los que dejan huellas que no se ven
y, sin embargo,
transforman para siempre los caminos.
Los encuentro a veces
en una mirada sencilla,
en una mano tendida,
en una palabra pronunciada con ternura,
en el silencio compartido
por quienes no necesitan explicarse.
Porque existen corales que no son piedra.
Son afecto.
Son memoria.
Son amor.
Y crecen sin hacer ruido.
Mientras el mundo corre,
ellos florecen.
Mientras el mundo olvida,
ellos recuerdan.
Mientras el mundo calcula,
ellos sienten.
Por eso sigo buscando.
Camino entre senderos de niebla,
entre bosques donde la tarde se vuelve dorada,
entre playas donde las olas escriben poemas
que la siguiente marea borra
para volver a escribirlos mejor.
Y en cada rincón descubro señales.
Una hoja movida por el viento.
Un reflejo en el agua.
Una sombra que parece guardar una historia.
Un pájaro que atraviesa el cielo
como si llevara un mensaje antiguo.
Entonces comprendo
que la belleza nunca desaparece.
Solo cambia de escondite.
A veces vive en el mar.
A veces vive en la tierra.
A veces habita en los ojos
de quien aún conserva la capacidad de asombro.
Y veo imágenes más allá de lo cierto.
Veo versos flotando entre luces perdidas.
Veo poemas latiendo en el eco del viento.
Veo jardines creciendo dentro de las piedras.
Veo estrellas descansando sobre la hierba.
Veo el universo entero
respirando dentro de una gota de lluvia.
Porque la tierra también tiene mareas.
Mareas de recuerdos.
Mareas de sueños.
Mareas de nombres olvidados
que siguen navegando en el corazón.
Todo parece conectado.
La nube con la montaña.
La montaña con el río.
El río con el mar.
El mar con la luna.
Y mientras escribo,
el mundo se transforma.
Las piedras hablan.
Los árboles recuerdan.
Las nubes inventan caminos.
El horizonte se abre como un libro infinito.
Y Coral aparece.
No como un lugar.
No como un sueño.
Sino como una presencia.
Como una luz que camina conmigo.
Como una voz que me susurra
que todavía queda belleza por descubrir.
Coral está en las cosas sencillas.
En la lluvia golpeando los cristales.
En el perfume de la tierra mojada.
En el color del atardecer
cuando parece incendiar el cielo sin quemarlo.
En la sonrisa inesperada.
En la esperanza que resiste.
En la bondad que nadie aplaude.
En el amor que permanece.
Y entonces entiendo.
Los corales de la tierra nunca estuvieron ocultos.
Siempre estuvieron aquí.
Esperando una mirada capaz de reconocerlos.
Esperando unos ojos que vieran más allá de la superficie.
Esperando un corazón dispuesto a escuchar
lo que el silencio lleva siglos diciendo.
Por eso continúo.
Buscando.
Aprendiendo.
Asombrándome.
Porque cada día encuentro un coral distinto.
Y cada coral contiene un universo.
Y cada universo contiene una historia.
Y cada historia contiene una chispa de eternidad.
Así avanzo,
entre la piedra y el sueño,
entre la memoria y el viento,
entre la realidad y la maravilla.
Recogiendo destellos.
Guardando instantes.
Uniendo fragmentos de belleza.
Hasta descubrir que el mayor coral de todos
no estaba en la tierra,
ni en el mar,
ni en el horizonte.
Estaba creciendo lentamente dentro de mí.
Hecho de recuerdos,
de amor,
de preguntas,
de palabras,
de esperanza,
de tiempo
y de luz.
Y mientras siga buscándolo,
el poema nunca terminará.

Corales en la Tierra. Muestra la sensibilidad del escritor, haciendo fuertes las flores, como los corales del mar.
A medida que las estaciones cambian, también lo hacen los colores y los sonidos de la Tierra, creando un ritmo poético que resuena en los corazones de los poetas.
En los rincones más remotos de nuestro planeta, la vida salvaje baila al ritmo de la naturaleza, inspirando a los poetas con su gracia y su fuerza.

Bienvenidos a Corales en la Tierra
La poesía es como el mar: profunda, infinita y llena de secretos.
Corales en la Tierra nace del deseo de traer esos colores y ritmos oceánicos al suelo que pisamos, convirtiendo cada palabra en un reflejo de lo que sentimos, soñamos y vivimos.
Aquí encontrarás versos que exploran el amor, la nostalgia, la naturaleza y la existencia misma, como si fueran corales emergiendo en la arena, recordándonos que la belleza también florece fuera del agua.
Sumérgete en cada poema, deja que las palabras te envuelvan y encuentra en ellas un eco de tu propia historia.

BUSCANDO LOS CORALES DE LA TIERRA
En los rincones más remotos de nuestro planeta, la vida salvaje baila al ritmo de la naturaleza, inspirando a los poetas con su gracia y su fuerza.

Busco los Corales de la Tierra
Busco los corales de la tierra,
los más duros, esculpidos por el viento,
los que resisten la marea del tiempo
y en su roca guardan secretos.
Y busco los más dulces del corazón,
los que brillan como soles sumergidos,
donde el amor deja su huella invisible
y la ternura crece sin testigos.
En cada piedra, en cada ola dormida,
veo imágenes más allá de lo cierto:
versos flotando entre luces perdidas,
poemas latiendo en el eco del viento.
Porque la belleza no solo es espuma,
ni el amor solo existe en el mar,
también en la tierra brotan corales
si aprendemos a mirar.

De Flores y Sentimiento
Flores de tristeza

La memoria del jardín
Verás, no mires atrás,
y comprende
lo que significa cada flor
de mi paraíso.
A pesar de la muerte,
el amor florece en nuestro ser,
como un tributo a la vida,
como un faro que nunca dejará de arder.
Las flores son la metáfora
de nuestra existencia efímera;
el amor, su esencia eterna,
en la vida y en la espera.
No dejes de escuchar,
las flores te hablan,
están vivas,
síguelas hasta su lugar.
No te duermas ante la belleza,
y sonríe,
porque llegará la eternidad.

De paisaje amor y cariño




Ven

Mi paseo

¡¡Hola!!
¡¡Hola!! ¿¿Cómo estás?? Cuanto tiempo pasado, Cuantos mares surcados. ¿¿Cómo está el tiempo para navegar?? Sí, La mayoría de los océanos están vacíos Ya no está de moda la piratería. Ese barco que tú mandas Ese que llevas grabado en la piel, Hace tiempo que no lo veo No pasan los años por él. Supongo que sigues en tu playa Te imagino pescando también, En esas aguas frías Donde tu ancla se posó bien. De aquí se aleja el invierno Y la primavera se presenta maravillosa, Entonces me iré mar adentro Saliendo del puerto, Con cuidado de las rocas. Me llamaron filibustera, Corsaria, bucanera Y más cosas que no recuerdo, Sigo siendo libre Y continúo con mis secretos. Ir al timón es lo que más me gusta Gritarle a los cuatro vientos, Que la brisa sea insistente, Y mantenga fijo en el mar mi velero. Elevar mi bandera Y disfrutar del océano, Sin temor al horizonte Elevando mi sable hacia el cielo.

Recuerdo del Viejo Madrid
En las calles adoquinadas, Madrid se despierta, susurra historias en cada esquina oculta, donde el tiempo parece haberse detenido, en el viejo Madrid, de encanto y cultura. Las plazas bullen con vida y canciones, el aroma de churros y chocolate llena el aire, el reloj de la Puerta del Sol da las doce campanadas, en el viejo Madrid, la ciudad que nunca se cansa. Los balcones adornados con geranios rojos, mientras el sol se pone sobre el Palacio Real, y los ecos de flamenco resuenan en los patios, en el viejo Madrid, donde el arte es esencial. El Retiro, un jardín de secretos y sueños, donde amantes se encuentran bajo los árboles frondosos, el Palacio de Cibeles se alza majestuoso, en el viejo Madrid, donde todo es hermoso. Las tabernas antiguas sirven vino y tapas, en mesas de madera donde la risa se comparte, en cada rincón, una historia que contar, en el viejo Madrid, que nunca deja de asombrar. Así en mi memoria, Madrid perdura, un lugar de magia, de pasión y aventura, un recuerdo eterno, en mi corazón perdura, del viejo Madrid, mi amada hermosura.

Del sueño de dama de las algas
Bajo la luna plateada y serena, La dama de las algas se sumerge, En un sueño profundo y enigmático, Donde el océano su alma recoge, Dejándose con suave movimiento Que hará que baile en el mar salado. Sus cabellos, como ondas del mar, Se mecen al compás de las mareas, Mientras sueña con secretos del fondo, Y con criaturas misteriosas y aéreas. En su sueño, Las algas danzan en torno, Formando coronas de esmeralda y jade, Y sirenas cantan melodías celestiales En un idioma que solo el mar entiende. En su mundo de sueños, La dama se sumerge, En un abrazo cálido de agua salada, Donde los peces le cuentan historias antiguas, Y las conchas guardan secretos de hadas, Que se acercan a ella Sin que se dé cuenta de nada. La dama de las algas, En su sueño profundo, Es parte del océano y de otro mundo, Un ser que aparte de ser marino Tiene alma de persona de tierra, Y en los dos mundos, Dama de las Algas, Sueña, vive y ama, Y en cada ola que acaricia la playa Deja un pedazo de su alma y su destino. Así, en el sueño de la dama de las algas, Ella encuentra paz y serenidad, Y en las noches de luna y estrellas brillantes, Se sumerge en su mundo, en su inmensidad de lo profundo.

Tierra de Lágrimas
Del sueño de una dama, Cayó una lágrima pesada, Que en la tierra germinó. Dando paso a palabras Y recuerdos de la nada, Que sencillamente Volarán por esta página, Desbordando sus mensajes En esta tierra de lágrimas y pesares, Donde el tiempo se escurre como arena entre los dedos, Donde los corazones sangrando en silencio, Caminamos en busca de la luz. Los sueños se desvanecen en la penumbra, Mientras las estrellas titilan en el cielo lejano. En este mundo de sombras y contradicciones, Buscamos la esperanza que nos guíe Confiando en el ser humano. Las lágrimas caen como gotas de lluvia, Alimentando la tierra reseca de nuestras almas. Y aunque el dolor nos abrace con fuerza, Aún buscamos la alegría que nos haga resurgir. En esta tierra de lágrimas y amargura, Encontramos la fuerza para seguir adelante, Porque en la adversidad se forja nuestra fortaleza, Y en la tristeza descubrimos la belleza de la vida Sabiendo lo que tenemos delante. Así, en medio de las lágrimas y el sufrimiento, Nuestra alma encuentra su voz y su razón de ser, Y en esta tierra de lágrimas, Construimos sueños, Tejiendo un tapiz de esperanza y amor, Y a veces de fe. Que nunca olvidemos que, incluso en la oscuridad, La luz puede emerger de nuestras lágrimas, Y en esta tierra de lágrimas y alegrías entrelazadas, Encontramos la verdadera esencia de nuestra humanidad. Lástima que a veces no entendemos Que también la tristeza nos reconforta, Pues riega la tierra de la sal que desborda, Tu esencia de mujer. Pues soy Dama de Algas, Salada, clara, fresca en la mañana, Si lloro, cubro de verde calegre está mi vida, Y sueño con esos mares de lágrimas de sirenas Siendo en tierra un alma viva.

Tierra de amaneceres rojo
Se extiende ante de mis ojos Un color de dulce amanecer, Una pasión por los campos rasados Acompañando a esos prados, Unas casas en que el amor Siempre se ve crecer. En la tierra de amaneceres rojos, Donde el sol besa el horizonte ardiente, Nacen los sueños en susurros antiguos, Y el alma se llena de un fuego latente. Los montes se visten de tonos carmesí, Mientras el cielo se torna un lienzo de fuego, Las aves despiertan con cánticos de luz, Y la naturaleza canta su propio ruego. En el agua se reflejan rayos Que veo arder desde mi ventana, Y los barcos que nos visitan Escapan de la madrugada. Bajo el manto de estrellas en danza brillante, La noche susurra secretos al oído, Y el viento acaricia con su suave caricia, El corazón latente, por siempre perdido. En esta tierra de amaneceres rojos, Donde los sueños toman vida y se expanden, Mi corazón halla su refugio seguro, Y en cada alba, mi espíritu se enciende.

La tierra de una dama de corales
Hoy vuelvo al mar Y a pensar en mis corales, Quizás repita lo mismo En este cuaderno de viajes, Que me ayudaran a recordar Y volver a vivir cada peaje. En la tierra de una dama de corales, Donde el sol se abraza con las olas y las sales, Se alza un paraíso, Un edén de colores, Donde los sueños se entrelazan con amores. Sus playas de arena blanca como la espuma, Reflejan la pureza de su alma, Ninguna bruma puede empañar La belleza que allí reside, Donde los corales En el mar danzan con las flores. Bajo el cielo azul, Como zafiro brillante, La dama camina con paso elegante, Su cabello ondea con la brisa marina, Y su sonrisa ilumina cada esquina De las rocas palpitantes. Surgen a la superficie Ideas melancólicas de tiempos pasados, Y en las escamas guarda La tierra que no ha olvidado. Los corales son sus joyas, Su tesoro, Testigos mudos de su eterno decoro, Y en su mirada se refleja el océano, Un mundo de misterio y encanto soberano. En la tierra de la dama de corales, La naturaleza y la gracia son ideales, Un rincón en el que el tiempo se detiene, Y en cada ola, Un secreto se entremezcla y teje.

FUERZA VALOR CORAJE
(Día histórico para la democracia)
En la penumbra del temor, surge la luz del coraje,
Un fuego intrépido que desafía la oscuridad,
Valentía, llama ardiente que en el pecho arde,
Guiando pasos firmes hacia la libertad.
En el fragor de la batalla, donde retumba el estruendo,
El coraje se erige como un escudo imperecedero,
No teme al desafío, ni al destino incierto,
Se alza como un titán, en su fuerza sincera.
Valentía, joya preciosa forjada en el yunque del alma,
Resuena en el eco de aquellos que se atreven,
A desafiar la tormenta, a romper cadenas,
Aunque el miedo aceche, como sombra que se cierne.
El coraje es un susurro en la brisa de la adversidad,
Un rugido que despierta el espíritu dormido,
No es la ausencia de temor, sino la voluntad de avanzar,
A pesar de la tormenta, hacia el horizonte atrevido.
En el corazón del valiente, late un tambor inquebrantable,
Que resuena con la música de la esperanza,
No se rinde ante la tormenta ni la noche interminable,
Porque el coraje y la valentía son la esencia de la bonanza.
Oh, noble coraje, oh, valentía sublime,
Sois faro en la oscuridad, luz en la neblina,
Guiadnos por el sendero de la victoria,
En la danza eterna de la vida divina.
Que en cada paso, en cada gesta valerosa,
Florezca el coraje como un jardín de fortaleza,
Y que la valentía sea la melodía grandiosa,
Que resuene siempre en el corazón con firmeza.

Amor del universo
En algún lugar del universo
donde los destinos apenas se rozan,
nace el amor.
No tiene ruido
ni necesita testigos.
Aparece
como una pequeña luz
entre dos almas que todavía
no saben que se buscan.
Las estrellas lo reconocen.
Por eso brillan con esa paciencia
de quienes han visto
nacer mil historias
y aún se sorprenden.
El amor
no entiende de razones.
Es un fuego mínimo
que decide quedarse
en medio del corazón.
Y cuando arde
todo el universo parece
acercarse un poco más.
Amor desconocido
Hay un amor
que todavía no tiene nombre.
Camina despacio
por los bordes de mi vida
como una sombra que respira.
No sé su rostro.
No sé su voz.
Pero a veces
cuando la noche se queda en silencio
siento que alguien
piensa en mí
desde algún lugar del mundo.
Tal vez el amor sea eso:
dos desconocidos
avanzando lentamente
hacia el mismo instante.
El visitante tardío
¿Quién eres
que llamas a mi puerta
cuando ya he aprendido
a vivir sin esperar?
Llegas tarde
como un viento cansado
que ha recorrido demasiados caminos.
Hubo un tiempo
en que escuchabas mis latidos
a través de una pantalla
y de palabras disfrazadas.
Ahora regresas.
Pero el tiempo
también sabe cerrarse
como un puerto
cuando la tormenta termina.
Música
El día despierta
con una música invisible.
El viento
afina las ramas de los árboles
y el sol
marca el primer compás.
Sigo medio dormida
mientras una melodía
se forma dentro de mí.
Las notas llegan despacio
como si el corazón
las estuviera recordando.
Entonces comprendo:
que el amor
también es una partitura
que el alma escribe
sin saber leer música.
Pirata
Dicen
que en otra vida fui pirata.
Tal vez por eso
cuando el mar se agita
algo dentro de mí
reconoce su nombre.
Recuerdo las tormentas,
la risa libre
de quien no le debe nada a la tierra
y la danza del viento
entre las velas abiertas.
Ahora vivo en calma.
Pero el horizonte
sigue llamándome
como si todavía supiera
mi verdadero rumbo.
La noche
La noche
no es silencio.
Es un libro abierto
donde las estrellas escriben
historias antiguas.
La luna camina despacio
sobre la piel del cielo
y las sombras
aprenden a respirar.
En la oscuridad
todo se vuelve más verdadero.
Incluso los pensamientos
que durante el día
preferimos olvidar.
Lobo
En el monte
la noche tiene ojos.
Un lobo camina
entre la hierba oscura
como si fuera
parte del propio silencio.
No teme a la sombra.
Él mismo
es la sombra.
Cuando aúlla
la montaña entera recuerda
que la tierra
todavía guarda
su antiguo corazón salvaje.
Poema insolente
Hay poemas
que nacen tranquilos.
Y otros
que llegan como una tormenta.
El poema insolente
no pide permiso.
Rompe el silencio,
despierta preguntas,
inquieta al mundo.
Porque algunas palabras
no nacieron para agradar
sino para decir
lo que nadie se atreve.
Invierno
El invierno habla
a través del viento.
Cruza los campos desnudos
y deja en el aire
una música fría.
Las ramas tiemblan
como si recordaran el verano.
Y la nieve
escribe en la tierra
una carta blanca
que nadie se atreve a borrar.
Rebelde
Soy rebelde
de una forma tranquila.
No levanto la voz
pero tampoco cedo.
Cuando me pedían
que cambiara la música
seguí poniendo
lo que amaba.
Cuando el mundo
se acostumbra a la injusticia
prefiero incomodar.
Y cuando la poesía aparece
no la discuto.
La escucho.
Porque cada persona
tiene derecho
a su manera de sentir
y de decir el mundo.
Dama de las Algas

CORALES DE LA TIERRA
Luz que abundas en nuestro suelo,
mirada poderosa,
ajena a tantas riadas de voces.
Escucho un eco lejano
de pasos que alcanzan mi altura,
y voy vestida de negro,
como quien no ve las esculturas
ni aprecia el estado de las noches
cuando la penumbra las sostiene.
A veces me desvío del camino
y apenas pienso demasiado;
los sentidos están ahora embotados
por el calor del verano
y la poca perspectiva que conservo
sobre las mil cosas
que se arremolinan en mi ser
por culpa de tu armadura.
No sé si hablo de amor
o de una pasión que ya no controlo.
Pasa el tiempo,
pasan los momentos,
y mientras observo lo que aparece
tengo la sensación
de que nada puede con mi movimiento:
suave,
sentido,
llamativo
y amurallado.
Hay una locura en este poema.
No encuentro la forma de borrarla
ni de volver a comenzar,
porque me arrastra
hacia lo desconocido conocido,
hacia un lugar que reconozco
aunque jamás lo haya habitado.
No quiero que mis sentimientos
se pierdan entre letras ajenas.
Necesito que tengan sentido para mí,
porque si no,
no serían míos.
Y son míos:
la idea,
el temblor,
la duda.
No quiero copiar a nadie.
Es verdad que no sé demasiado de letras,
pero ¿quién las sabe todas?
Si el alma me las dicta tan deprisa
que ni una grabadora
puede seguir su paso.
Y así nacen estos corales de la tierra:
fragmentos de luz,
restos de sombra,
palabras que llegan descalzas
desde el fondo de mí misma.
Hoy recibí una carta
Hoy recibí una carta.
Ya no está de moda recibir cartas,
aquel papel que acariciábamos
cuando la lectura nos ponía nerviosos
e insistentes de palabras de amor.
Hace ya muchos años
que el tiempo deja huella
en aquel papel amarillento
que no paro de leer.
Ha pasado un tiempo infinito
y todavía recuerdo
cuando llegó el cartero
y me la puso en mis manos.
Solo el abismo
era mi compañero
en aquel momento,
y cada palabra escrita
caía en mí
como una pesada losa.
Mi pensamiento volaba
entre cada sílaba,
sin control,
sin manejo de la situación
que no volvería nunca más.
Ahora todo es frío.
Entonces,
el papel, suave y vaporoso,
me daba abrigo,
y cada oración
me cantaba al oído
como un susurro
de voces celestiales.
No importaban las noticias
ni la firma del caballero.
Era un corazón
que volaba para leerlo,
un pulso acelerado
y un sentimiento plasmado
con cariño y empeño,
de palabras dulces
que volaban hasta mi casa
en un sobre viajero.
Hoy recibí una carta.
No pesaba casi nada,
pero al abrirla
el silencio
llenó la habitación entera.
Venía doblada con cuidado,
como quien guarda un latido
para que no se rompa
en el camino
hacia otro corazón.
Cada palabra tenía un rostro,
cada punto,
una pausa del alma.
Y mientras la leía despacio,
el tiempo dejó de correr.
Hay cartas
que traen noticias,
otras despedidas
o promesas.
La mía
trajo un recuerdo,
de esos que no hacen ruido,
pero cambian el día entero.
La guardé junto al pecho,
no por el papel,
sino porque entendí
que aún existen palabras
capaces de abrazar
desde lejos.
Protesta al viento y al amor
Viento terco, ¿por qué no te detienes?
Siempre giras, nunca das respiro,
sacudes los días, mi calma sostienes,
y alborotas mi alma con tu torcido giro.
Amor travieso, ¿qué buscas ahora?
Cada año te empeñas en desatar el caos,
me prometes calma, pero imploras
tormentas que me hieren como un nublado abrazo.
Este año que empieza, les exijo quietud,
quiero senderos planos, sin sobresaltos,
que el viento se calle y traiga quieta virtud,
y el amor no me deje girando en sus actos.
Prefiero lo simple, lo claro, lo recto,
ni huracanes ni pasión desenfrenada,
que se callen sus gritos, que sea perfecto:
un año sin vueltas, sin vida enredada.