Poemas del Alma mia

Dama de las Algas
Dama de las Algas

Secretos

Secretos en susurros,
para no olvidar que son secretos,
y que nadie encuentre
las pistas que descubren
un amor perfecto.
Solo sale la luna
cuando ando perdida por el mundo
y me ilumina el corazón
de cariño encendido.
El viento del norte se llevó
las hojas ya muertas,
dejando un rastro
para mi desconocido,
sembrado de árboles cortados
al borde del camino.
Podría contarle muchas cosas,
versos parecidos,
de amores encontrados
que se quedaron conmigo.
Secreto de un amor,
secreto de un olvido,
que se aleja en el firmamento
después de dejar dolor y castigo.
Momentos que ya no vuelven,
instantes poco aprovechados,
porque ya no es tiempo
de andar de mendigo despechado.
Romances decrépitos;
juega con nosotros el destino,
llevándonos a un puerto
que no desemboca en el paraíso.
Todos queremos gritar amor eterno
y que no nos falte cariño.
Hoy grito mi secreto
en la soledad que vivo,
y perdono al sol
que calienta mis oídos
con palabras dulces
que se filtran, encontrando
un mundo perdido.
Ese que está en mis sueños
de cuando era pequeña,
y que con el paso del tiempo
se volvió secreto de una muñeca.
Dama de las Algas
Dama de las Algas

Mi compañía

Hoy llegó otro barco al puerto;
solo la compañía del movimiento
me despierta del letargo
de la semana.
Pronto empiezan los problemas a aflorar
y la cabeza a pensar cosas terribles.
Ya no hay vuelta atrás.
El amor no llega:
se duerme
y se balancea
al ritmo de olas tranquilas
que no veo desde mi ventana.
Mi vida va erosionando lentamente,
sin futuro donde amarre mi barca
en las finas arenas del tiempo.
Ya no hay imágenes
que recuerden
la alegría de la vida.
Solo letras de luto
y rimas extrañas
acompañan esta pobre página,
sin adornos
y sin felicidad.
Escribo lo que sueño,
lo que imagino que veo,
lo que podría mirar
desde mi ventana,
si la tuviera.
Me queda el vacío
de una casa en las entrañas,
donde no entra la vida
ni la muerte;
solo paredes blancas
que adorno con mis poemas
y un fondo de playa
que nunca veré.
Nadie me visita,
ni las sombras aparecen
en esta tierra de piedra fría
que la sangre me hiela.
Pero huele a sal
y a manos de pescadores,
a piedras negras
que traen rumores antiguos.
Cierro los ojos
y a veces hablo con ellos;
cuando camino,
acaricio el infierno
que sufrieron esos hombres
de donde no regresaron.
Y en ese silencio profundo
descubro mi única compañía:
el eco del mar en mi pecho,
la palabra que resiste,
la memoria que no se hunde.
Porque aunque el puerto esté vacío
y la barca no tenga destino,
aún queda la marea
empujando despacio
mi nombre hacia la orilla.